sábado, 27 de diciembre de 2014

(2009) Montero Glez - A ras de «yerba». Apuntes Futboleros.


Fútbol, ras de yerba, Montero Glez, futbolín, galácticos, Ronaldinho, butanito


"Hay quien dice que la Cibeles llevaba la mirada empitonada de hambre y que cuando apareció Raúl se subió la túnica y le ofreció el muslamen para que le ajustase la liga. Entonces la negrura de tantas noches de insomnio y espera que había oscurecido sus ojos, entonces desapareció de repente y todos pudimos dar cuenta de que la Cibeles nunca fue una diosa difícil. Sólo hay que saberla trastear y en los últimos tiempos los merengues andaban más preocupados en mirarse al espejo que en endulzar el vientre de su diosa."

Será por libros de fútbol. Otra cosa no, pero de ellos las estanterías de las librerías están llenos. Anecdotarios, biografías, almanaques de efemérides, sesudos análisis tácticos o compendios de autoayuda. Incluso breviarios para la buena formación de las nuevas generaciones. Y si tienen alguna duda de lo que digo, echen un vistazo al último libro que ha publicado Cañizares —sí, el portero que se perdió un mundial pero acudió a la convocatoria de la selección para hacer piña—, que bien podría haberse titulado "Anda chaval, agáchate y recógeme el bote de colonia" a juzgar por esa sórdida portada de gasolinera.

viernes, 26 de diciembre de 2014

(2013) Hugh Howey - Desolación


Howey Shift Distopy totalitarism


"Esperanza. Eso era. Peligrosa esperanza. Al ver a la gente de la cafetería con la mirada clavada en la pantalla de la pared sintió una especie de vínculo con ellos. Así era cómo se metían en líos los dioses de antaño, así era cómo se encaprichaban de los mortales y se entrometían en sus asuntos. Rió para sus adentros. Pensó en la limpiadora del grueso dossier y en lo que habría hecho por ella de haber tenido la ocasión. puede que le hubiera dado el don de la vida de haber podido. Apolo encaprichado de Dafne."

Hace unos días tuvimos la oportunidad de comentar Espejismo, reseña que podéis encontrar aquí. Con aquella novela Hugh Howey logró confeccionar una historia que pese a sus intermitencias se erigía baluarte de una ciencia ficción ágil, misteriosa y de rabiosa actualidad por sus implicaciones políticas. Espejismo, a su vez, era la primera parte de lo que ha acabado siendo una trilogía, la Trilogía del silo, y que toma como motivo contextual, precisamente, el desarrollo de su trama en las profundidades de un silo subterráneo donde se aloja la especie humana. Desolación, la novela que vamos a comentar hoy, supone la continuación de Espejismo, el elemento intermedio necesario para el desenlace de la trilogía.

sábado, 20 de diciembre de 2014

(2012) Hugh Howey - Espejismo


Espejismo ciencia ficción


"Y en su caso, no lo hizo con la rabia que siempre había creído que sentían con los demás. Ni tampoco con la certeza de que ellos, en el silo, estaban condenados, mientras que él, el condenado, era libre. No fue una sensación de traición lo que guió la lana de su mano en pequeños movimientos circulares. Fue misericordia. Misericordia pura y dicha ilimitada."

Si algo positivo trajo la crisis económica de 2008 —y si usar el término "positivo" es legítimo aquí— fue el resurgimiento de los movimientos sociales como elementos para el empoderamiento de la ciudadanía a escala mundial. En la medida en que en España el azote de la crisis ha sido especialmente virulento, hemos sido testigos de numerosas convocatorias ciudadanas con el fin de protestar ante la injusticia social que rige nuestros tiempos. La cosa no ha quedado ahí y se han credo infinidad de asociaciones con el objetivo de vertebrar esa protesta ciudadana en tópicos concretos. Y hasta se ha creado un partido político que pretende canalizar todos esos movimientos en un programa más general. Todos, a priori, aspectos positivos que transmutan la política y por tanto la democracia en una empresa vertical construida de abajo a arriba, de la ciudadanía a sus representantes. Es cierto que ha sido triste tener que esperar a alcanzar un 25% de paro, un 50% de paro "veinteañero" y una deflación que no tiene visos de repuntar, como si fuera necesario el colapso del sistema para que la gente se diera cuenta de que la soberanía del pueblo había sido secuestrada; parecería que mientras el sistema sea capaz de abastecer a los asalariados, estos no deberían tener necesidad de quejarse. Como si el desarrollar una democracia de abajo a arriba no fuera una cuestión de principios sino el último asidero al que agarrarse mientras el barco se hunde. Más vale tarde que nunca. Aunque maldita la gracia tener que haber llegado a la situación actual para que la población se haya dado cuenta.

lunes, 15 de diciembre de 2014

(1955) Stanisław Lem - El hospital de la transfiguración


El hospital de la transfiguración


"Pero cuénteme, cuénteme, doctor, le estoy escuchando. Usted es quien anda buscando algo y ha ido a caer en el lugar perfecto. Los manicomios siempre han destilado el espíritu de la época. Todas las deformaciones, las jorobas psíquicas y las excentricidades están tan diluidas en la sociedad que resulta difícil percibirlas, pero aquí, concentradas, revelan claramente el rostro de los tiempos que vivimos. Los manicomios son los museos de las almas..."

Puede que sea una percepción motivada por la imagen transmitida en algunas películas y libros, pero los hospitales psiquiátricos siempre me han parecido lugares fascinantes, lugares gobernados por una subyugante sensación de irrealidad, casi siempre tétrica y lúgubre. Los manicomios simbolizan el reino de lo desconocido, pero no en tanto que portadores de un misterio, sino en tanto que espacios constituidos por el misterio. El misterio de la sin razón que es a su vez el de los confines del entendimiento. En cierta forma son lugares antinaturales en tanto que pretenden enclaustrar lo que por definición es inasible. Uno puede dar con un conjunto de reglas que describan un fenómeno, y con ello gobernarlo, manipularlo, dominarlo y hasta modificarlo. Pero no puede pretender legislar acerca de aquello que no admite reglas. La locura como caos incontrolable. En cierto modo, ello convertiría a los hospitales psiquiátricos en metonimias arquitectónicas de toda paradoja. Pero sé que esto no es así. Cuando hablo de la locura en estos términos, hablo de una locura metafísica y, por tanto, irreal. Hablo de la vara de medir las distintas locuras. Y las distintas locuras efectivas son las que sí se pueden legislar y, con ello, describir y manipular. Los manicomios del mundo real son, simplemente, lugares que con arreglo a un conjunto de reglas, pretenden controlar las consecuencias no deseadas de determinados comportamientos que responden a desórdenes tipificados. Los hospitales psiquiátricos, por ello, no son seguramente lugares tan fascinantes como yo me los imagino. O por lo menos puede que no lo sean actualmente.

sábado, 13 de diciembre de 2014

(2011) Karo Hämäläinen - Calle Erottaja


Calle Erottaja thriller financiero


"Los datos son el alimento del mecanismo, materia que no necesita ser procesada, porque se la devora, se crea sin parar y se desecha. Un Big Mac y un movimiento rápido para limpiarse la boca con una servilleta. El valor del Dow Jones se da a conocer con la exactitud de dos decimales, aunque en el momento en que el dato aparece sobre la pantalla del operador de bolsa, el valor del índice ya es otro y los decimales no tienen importancia, aunque describen valores por millones de dólares; aún así, la sensación de exactitud hay que tenerla, la sensación de estabilidad del saber, de la seguridad que crean esos siete significativos números."

Las cinco cosas que se me vienen a la cabeza cuando pienso en Finlandia son a) guitarristas virtuosos, b) pilotos de coches, c) educación, d) saunas y e) grupos de heavy metal para niños. A pesar del frío, de los inviernos eternos y de las pocas horas de luz el país suomi ha diseñado un paraíso en pequeñito, sobreponiéndose con ello a sus duros e implacables condicionamientos ambientales. Uno de los grandes responsables de la envidiable situación de Finlandia es su amplio y muy eficiente sector público, que financia el estado del bienestar más completo del mundo y que está diseñado según una muy inteligente política de redistribución de rentas. No obstante, en todos los países cuecen habas. Finlandia tiene la catorceava tasa de suicidios más alta del mundo y durante los últimos años, especialmente a raíz de la crisis financiera mundial, el discurso xenófobo ha repuntado. Con todo, es un excelente país al que irse a vivir. En parte, porque más de la mitad de su población se compone de finlandesas.

martes, 9 de diciembre de 2014

(2005) Daniel Kehlmann - La medición del mundo


La medición del mundo Gauss von Humboldt


"Hechos, repitió Humboldt, que todavía quedaban, él los describiría todos, una obra colosal llena de hechos, cada hecho del mundo contenido en un único libro, todos los hechos y sólo hechos, todo el cosmos de nuevo, aunque despojado de error, fantasía, sueño y niebla; hechos y cifras, dijo con voz insegura, eso quizás pudieran salvarle a uno. Si, por ejemplo, consideraba que habían viajado durante veintitrés semanas, que habían recorrido catorce mil quinientas verstas y visitado seiscientas cincuenta y ocho postas y, vaciló, empleado doce mil doscientos veinticuatro caballos, la confusión se tornaba comprensible, y uno cobraba ánimos. Pero mientras los primeros suburbios de Berlín pasaban volando y Humboldt se figuraba que Gauss en ese preciso momento observaba los cuerpos celestes por su telescopio, cuyas órbitas resumía en sencillas fórmulas, de repente ya no fue capaz de decir quién de ellos había corrido y quién había permanecido siempre en la patria."

No suelo leer demasiada novela histórica ni tampoco novela biográfica. Son dos géneros marginados en alguna caja fuerte en las catacumbas de mis deseos y apetencias, rodeados de sirenas de alarma bacteriológica y luces estroboscópicas a su alrededor, con tipos disfrazados de nazi gritando "ein verletzter, ¡alarm, alarm!". No sé de dónde me viene este rechazo instintivo al género. Bueno, en realidad sí. Tiendo a pensar que la novela histórica suele cubrir sus carencias a través de la ambientación y el recurso a personajes famosos, como el solomillo que el chef decide preparar con salsa roquefort para cubrir el hecho de que ya lleva unos cuantos días en la nevera o como la película de poca monta en la que el actor o la actriz de moda hace un cameo. Como casi todos los prejuicios en los que me manejo, esta idea me ha hecho perderme muchos y muy buenos libros. De hecho, de los últimos coqueteos con el género destaco la trilogía El Ciclo barroco de Neal Stephenson, una monumental obra de unas 3000 páginas ambientada a finales del siglo XVII y principios del XVIII. Resumirla ya es una tarea titánica, pero comparte algunos puntos en común con La medición del mundo de Daniel Kehlmann.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

(1985) Gregory Benford - Artefacto


Artefacto ciencia ficción


"El sol blancoazulado rodaba sobre su propio fuego, carbonizando el suelo, labrando un suelo de anaranjadas llamas, dejando nubecillas de humo en su estela. Un débil sonido como un lamento brotaba de él, y cuando mordió profundamente el suelo las altas notas se ahogaron y una larga y profunda nota baja por todo el valle mientras comía. Quizá los antiguos de Santorini lo habían visto de aquel modo. John reflexionó que podía creer fácilmente que aquella cosa era un monstruo de las ardientes profundidades volcánicas, aullando su ira, trayendo consigo la muerte carbonizante como venganza por el fracaso del hombre en ofrececerle sacrificios, por su fracaso en acudir e intentar aplacarle en su enorme laberinto sulfuroso."

Gregory Benford pasa por ser uno de los representantes más importantes de la corriente dura en ciencia ficción, aquella en la que el rigor y la coherencia científica son valores que están al mismo nivel que el resto de valores narrativos de una obra. Reconozco que esta es la clase de ciencia ficción, en sentido amplio, que más me gusta. Es la que permite mantener un asidero sólido en tierra firme, más o menos al abrigo de la inflación ontológica que a menudo implica inventar un mundo cuyas leyes se desconocen en su funcionamiento básico o en el que son incompatibles con nuestro conocimiento del universo. Clarke dijo en su momento que "Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Esta sentencia es interpretable de varias maneras —casi todas ellas más interesantes que la lectura que voy a mencionar—. Pero para la ciencia ficción parece implicar el siguiente corolario: no te despegues demasiado, joven e inexperto escritor de ciencia ficción, del conocimiento efectivo que poseemos del mundo, pues en la medida en que lo hagas tu historia perderá verosimilitud y, por tanto, valía y enjundia. Por supuesto, en la ciencia ficción, así como en el resto de la literatura, la versosimilitud no es siempre uno de los objetivos a perseguir. Algunas de las veces al alejarnos de ella es precisamente cuando logramos las lecturas más sugestivas acerca de la condición humana, aquellas que no serían posibles atando en corto la realidad. Pero esas suelen ser las menos de las veces. A menudo constituyen un pretexto para dar rienda suelta a los aspectos más efectistas de la creación artística, aquellos que resultan vacíos de contenido cuando los desligamos del puro juego imaginativo. Por ello me gusta la ciencia ficción fuerte o dura: porque a pesar de que la mejor de sus expresiones quizá no alcance a la mejor de las expresiones de una ciencia ficción más laxa, su término medio está del lado correcto en un grado superior al término medio de la ciencia ficción menos dura. En el fondo se trata de una decisión de carácter conservador, de pragmática aversión al riesgo. Así que por eso me gustan escritores como Benford: porque soy un gallina.

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