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lunes, 13 de mayo de 2019
(2010) Jesús Mosterín - A Favor de los Toros
«Muchos españoles estamos cansados de la permanente propaganda oficial de esta salvajada como presunta fiesta nacional. A muchos nos molesta que se identifique al pueblo español con la caverna taurina, con el mundillo hortera de la tauromaquia, con su cursilería supersticiosa, su sensibilidad embotada y su retórica ramplona, empalagosa y achulada. Spain is different, pero no tanto. Un número enorme y creciente de españoles sentimos, ante el espectáculo taurino, asco, sonrojo, vergüenza, repugnancia estética e indignación moral.»
Siempre he sentido aversión hacia las corridas de toros. Desde que era pequeño. Veía las corridas por la tele sin comprender cómo podía ser que las plazas estuvieran abarrotadas para contemplar un espectáculo en el que se daba muerte a un animal agonizante. No podía comprender el alborozo, la fanfarria, los pañuelos, el júbilo y los vítores, los trajes de gala y, en definitiva, el ambiente festivo que las rodeaba. No podía entender cómo era posible que ese ambiente fuera de la mano de un espectáculo en el que no había lugar para la sorpresa ni para un desenlace alternativo, donde todo estaba diseñado para obtener un resultado calculado de antemano. Me resultaba espeluznante la frialdad y la precisión casi ingenieril subyacente a todo el ritual. Pero lo que más me consternaba era la ausencia de finalidad, de propósito, en el supuesto arte de dar muerte a un animal moribundo.
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lunes, 7 de enero de 2019
(1995) John Allen Paulos - Un Matemático Lee el Periódico
"He dicho que habría que aumentar la serie de preguntas habituales que los periodistas formulan y que a los lectores les gustaría ver contestadas. Además de Quién, Dónde, Cuándo, Por qué y Cómo, habría que incluir Cuántas, Con qué probabilidad, Qué fracción. ¿Cómo se compara la cantidad con otras cantidades? ¿Cuál es el índice de crecimiento y cómo se coteja? ¿Qué hay de los aspectos autorreferenciales de la noticia? ¿Hay en ella un grado adecuado de complejidad? ¿Nos fijamos en las categorías y relaciones que interesan? ¿Qué cantidad de la noticia es independiente de su exposición? ¿Somos particularmente sensibles al error de disponibilidad o a efectos ancla?"
A pesar de que no soy matemático, siento un respeto reverencial y casi místico por las matemáticas. Porque las matemáticas descifran el sustrato más básico del mundo que nos rodea. Son la red que nos permite atrapar la realidad y modificarla según nuestras necesidades. Son la condición de posibilidad del progreso y el dominio técnico sobre la naturaleza. Nos han permitido pasar de vivir en cuevas y morir a dentelladas bajo las fauces de oscas y temibles fieras a vivir en modernas e interconectadas ciudades tecnológicas con expectativas de vida inimaginables hace un puñado de miles de años. Por supuesto, las matemáticas no llegan a todas partes. La finitud de su alcance es un recordatorio de que la realidad también posee un carácter cualitativo. Pero, en mi opinión, son el logro más importante del intelecto humano. Y sus practicantes, los matemáticos, una suerte de hechiceros laicos, de artistas de lo abstracto, de profetas de la racionalidad.
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jueves, 21 de diciembre de 2017
(2004) Dan Burstein - Los secretos del código
"Hay dos relatos bíblicos referidos a la creación de la primera mujer. Uno dice que Eva fue creada a partir de la costilla de Adán (Gén. 2.21); el otro que Dios creó la primera pareja, macho y hembra, a su propia imagen (Gén, 1.26-27). El segundo relato sugiere que Dios Creador mismo tiene una doble naturaleza que combina características masculinas y femeninas. Los gnósticos tendían a preferir esta versión y desarrollaron varias interpretaciones de ésta. Esta versión le da igualdad a la mujer, mientras que la versión de la costilla de Adán la subordina al hombre."
Stephan A. Hoeller
Uno de los efectos colaterales del éxito de El código Da Vinci fue la aparición por generación espontánea de libros con títulos de similares características. "El acertijo de Newton", "El Código de Rousseau", "El misterio de Pitágoras", "La conspiración Galileo", "El enigma Turing", etc. Desconozco si he acertado con la existencia de alguno de estos títulos; me los he inventado todos. Lo que trato de decir es que, al calor del éxito de Brown, se publicaron un buen número de obras tratando de replicar la fórmula del éxito de "El Código Da Vinci". Además, los títulos de esos libros parecían estar hechos con algún tipo de software de números aleatorios. Parecían el producto de la extracción de un nombre de entre un gran banco de grandes científicos (siempre con inquietudes filosóficas) y de un sustantivo de entre un banco de términos asociados con el suspense. El producto eran frases efectistas de tres o cuatro palabras que hacían rumiar al comprador sobre la posible idoneidad de adquirir el ejemplar en cuya portada se mostraba, en una suerte de difuminado, algunos de los siguientes elementos: la cara del científico, alguna de sus creaciones, alguna de sus predicciones, algún objeto relacionado con sus investigaciones y objetos, paisajes o lugares relacionados con la propia trama. Y es que esos volúmenes transmitían una fascinante sensación de aleatoriedad y predictibilidad al mismo tiempo, como las canciones de Jarabe de Palo. Aún hoy en día, yo no descartaría la hipótesis de que primero se pensasen los títulos y las portadas de esos libros, y después se procediera a construir su argumento.
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jueves, 30 de noviembre de 2017
(1998) Michel Houellebecq - El mundo como supermercado
"¿Cuál podría ser el papel de la literatura en el mundo que describe, vacío de sentido moral?
Un papel penoso, en cualquier caso. Cuando uno pone el dedo en la llaga, se condena a un papel antipático. Dado el discurso casi de cuento de hadas de los medios de comunicación, es fácil hacer gala de cualidades literarias desarrollando la ironía, la negatividad, el cinismo. Pero cuando uno quiere superar el cinismo, las cosas se ponen muy difíciles. Si alguien consigue desarrollar en la actualidad un discurso que sea a la vez honesto y positivo, modificará la historia del mundo."
Hay determinados escritores que generan un halo de desconfianza y rechazo cuando se pronuncia su nombre, y Houellebecq es uno de ellos. Puede que sus polémicas con el Islam, su fama de misógino, su aspecto desaliñado como recién salido de una centrifugadora o su afán de llamar la atención tengan buena culpa de ello. De lo que no cabe duda es de su talento como novelista y escritor. ¿Uno de los mejores de su generación? Solo el tiempo lo dirá. Lo que puede darse por seguro es que no es un autor para todo el mundo ni para todos los estómagos. Su particular radicalismo ataca la zona de confort de las sociedades burguesas contemporáneas y muchos de los consensos sociales más básicos. Y aunque su desafiante discurso antropológico pueda palidecer ante las recientes convulsiones sufridas por nuestras sociedades —crisis económica, terrorismo yihadista—, sigue siendo capaz de interpelar al lector a mirarse a sí mismo a través de una luz que pone al descubierto muchas de sus miserias.
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jueves, 8 de junio de 2017
(1864) Jules Verne - Edgar Poe y sus obras
"Dejando de lado lo incomprensible, lo que es necesario admirar en las obras de Poe es lo novedoso de las situaciones, la discusión de los hechos poco conocidos, la observación de las facultades enfermizas del hombre, la selección de sus temas, la personalidad siempre extraña de sus héroes, su temperamento enfermizo y nervioso, su forma de expresarse mediante interjecciones extrañas. Y sin embargo, en el medio de estas imposibilidades, existe a veces una verosimilitud que se apodera de la credibilidad del lector."
1864 vería nacer una de las novelas más conocidas de Jules Verne, Viaje al centro de la Tierra, segunda en la serie de los Viajes Extraordinarios. Es menos conocido que ese mismo año el escritor francés publicó también un extenso artículo titulado Edgar Poe y sus obras en la revista literaria Musée des Families, donde otros autores de renombre como Honoré de Balzac o Alexandre Dumas (padre) habían publicado trabajos con anterioridad. Verne, que durante toda su vida sería un gran admirador del poeta americano, dejó constancia para la posteridad de esa admiración en obras como la propia Viaje al centro de la Tierra o La esfinge de los hielos.
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domingo, 21 de mayo de 2017
(2003) Fernando Lázaro Carreter - El nuevo dardo en la palabra
"No es preciso estar, claro es, en la política activa para agredir con éxito al sentido común. Hay un ex cargo muy importante, fuera de ella ya, inteligente tertuliano de radio, que, pocos días ha, estremeció a sus oyentes —lo soy, y muy complacido— con la apocalíptica denuncia de que el presidente Aznar «ha dado un giro de 365 grados». ¿Tantos? Pero siempre hay consuelo: imaginemos que el giro hubiera sido bisiesto."
Hace un par de semanas tuve el placer de reseñar "El dardo en la palabra", compendio de artículos publicados en prensa donde el difunto Fernando Lázaro Carreter hacía alarde de ingenio y erudición para arremeter contra todos aquellos desaprensivos que osan prevaricar con nuestro patrimonio más valioso: el idioma. Aquella lectura me duró, literalmente, años. Pero no por aburrida, sino a causa de las descomunales dimensiones de la obra. Efectivamente, El dardo en la palabra era un mamotreto de casi ochocientas páginas que abarcaba una producción en prensa de casi veinticinco años y que estaba compuesta por más de doscientos artículos. Cada uno de esos artículos —o dardos, como tan brillantemente los nombró el académico—, concisos por imperativos periodísticos, eran ideales para esos momentos del día que son demasiado breves para abordar la lectura del siguiente capítulo del libro que tienes entre manos, pero demasiado largos para... no hacer nada. Como sea que esos momentos no se han extinguido en mi vida, cuando acabé la obra de Lázaro Carreter noté inmediatamente un vacío difícil de reemplazar. Hasta que decidí comenzar, no de una manera particularmente original, con el libro del que esta reseña es objeto.
viernes, 5 de mayo de 2017
(1997) Fernando Lázaro Carreter - El dardo en la palabra
"Yo sé que tratar de estas cosas ahora es como predicar la bula de Cruzada, y más si el sermón es de un académico (por definición carroza). Tengo la certeza, sin embargo, de que lo viejo y decrépito y chocho, en materia lingüística, es el no hacer nada de unos políticos, y el mucho hacer demente de otros, profesionales o aficionados. Quizá llegue un día en que un partido —¿cuál?; en Francia han sido los de izquierda— inscriba en su programa la igualdad de oportunidades idiomáticas de los ciudadanos, el ideal de que todos participen de la lengua común en su mejor nivel. Ese día habrá nacido en España una idea joven."
Siempre me ha hecho gracia eso de la RAE; una institución ciertamente contradictoria, sin duda. Por un lado, brega contra la naturaleza propia de la lengua, pues fija y da esplendor propinando dentelladas allí donde la creatividad de los usuarios del idioma toma el protagonismo. Asimilo su labor a la del drenador de océanos o el reparador de mecheros desechables, en una conducta totalmente desesperanzada. Digo esto porque la cualidad esencial de todo lenguaje natural es el cambio. Las lenguas son los guantes que nos enfundamos los seres humanos para tratar entre nosotros. Esa comunicación responde a deseos e intereses que cambian con el paso del tiempo, y en la medida en que éstos cambian, también lo hace su vehículo expresivo. El lenguaje cambia porque la realidad cambia y, a veces, incluso la realidad cambia porque el lenguaje así lo hace. Es una dinámica incontrolable. Pero la RAE tiene cierto afán de control, si no en la totalidad de la gran charca que es el Castellano, si al menos en algunas de sus orillas. En la medida de sus posibilidades, es ese granjero que trata de ponerle puertas al campo. Lo cual ya de por sí tiene un cierto aire patético.
miércoles, 22 de abril de 2015
(2001) Manuel Vicent - Antitauromaquia
"Se dice que los buenos aficionados no ven la sangre durante la lidia: no la ven porque están muy acostumbrados a ella, del mismo modo que no perciben el hedor del detritus quienes viven normalmente en un estercolero o se dedican a limpiar sentinas. Oiga, aquí huele a mierda. ¿Cómo dice usted? Que aquí huele a mierda. Pues yo no huelo a nada. Usted no huele a nada porque su nariz ya se ha hecho a la mierda. Sencillamente."
Creo que una de las cosas que más me avergüenzan cuando hablo con extranjeros sobre España y su hipotética idiosincrasia son las corridas de toros. Ahora ya no, pero hubo un tiempo en que mantener una conversación sobre ese asunto provocaba en mí que el pulso se me acelerara y que el calor aflorara a mi cara, llegando a temer que la persona que tenía enfrente comenzara a mirarme como si ante sí se desplegara una aurora boreal, un maelstrom o un fenómeno de carácter igualmente excepcional, y, en consecuencia, sacara con presteza la cámara de fotos con el fin de inmortalizar el evento y enseñárselo orgulloso algún día a sus nietos. Bueno, en realidad no, estoy exagerando: nunca me he puesto colorado ni temería que me sacaran una foto si eso ocurriese. Antes intentaría cambiar de tema, lo cual, dicho sea de paso, suele ser lo que acaba ocurriendo en el mundo real, ese en el que tampoco me pongo rojo. Pero a veces la artimaña no cuela y me veo en la obligación, primero, de desmarcarme tajantemente de aquellos que profesan con admiración y reverencia respeto supremo por dicha tradición y, después, si el extranjero es perseverante, en hacer comprender las razones y argumentos que aducen los acólitos de la tauromaquia en defensa de su punto de vista. Esta tarea intento realizarla con la frialdad y precisión con la que el entomólogo realiza sus disecciones, pero en lo más profundo de mis entrañas causa que me hierva la sangre. Y es que no hay nada mejor que hacerte explícitas un conjunto de creencias para poner a prueba la veracidad y robustez de las mismas. Y en el caso de las proposiciones aducidas en sustento de la tauromaquia, éstas no aguantan el más mínimo zarandeo. Su debilidad sí es motivo de sonrojo y, llegados a este punto, extranjero y servidor convenimos en lo repulsivo del festejo y brindamos por que algún día la razón triunfe sobre todo lo demás y arrincone a la tauromaquia al cajón de los trastos rotos de la historia, junto a los campos de exterminio, los gulags o la Cherry Coke.
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sábado, 27 de diciembre de 2014
(2009) Montero Glez - A ras de «yerba». Apuntes Futboleros.
"Hay quien dice que la Cibeles llevaba la mirada empitonada de hambre y que cuando apareció Raúl se subió la túnica y le ofreció el muslamen para que le ajustase la liga. Entonces la negrura de tantas noches de insomnio y espera que había oscurecido sus ojos, entonces desapareció de repente y todos pudimos dar cuenta de que la Cibeles nunca fue una diosa difícil. Sólo hay que saberla trastear y en los últimos tiempos los merengues andaban más preocupados en mirarse al espejo que en endulzar el vientre de su diosa."
Será por libros de fútbol. Otra cosa no, pero de ellos las estanterías de las librerías están llenos. Anecdotarios, biografías, almanaques de efemérides, sesudos análisis tácticos o compendios de autoayuda. Incluso breviarios para la buena formación de las nuevas generaciones. Y si tienen alguna duda de lo que digo, echen un vistazo al último libro que ha publicado Cañizares —sí, el portero que se perdió un mundial pero acudió a la convocatoria de la selección para hacer piña—, que bien podría haberse titulado "Anda chaval, agáchate y recógeme el bote de colonia" a juzgar por esa sórdida portada de gasolinera.
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