Mostrando entradas con la etiqueta Novela Rusa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela Rusa. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de abril de 2017

(2007) Dmitry Glukhovsky - Metro 2033

Postapocalíptico, Moscú, Metro, Rusia, Nuclear, Mutantes,


"Había una sola cosa que protegiera al hombre de la locura: la incertidumbre. La vida de un condenado a muerte, que sabe que al cabo de un año será ejecutado, la vida de un enfermo terminal, a quien los médicos han comunicado ya cuánto tiempo le queda, se diferencian de la de un hombre normal en un único aspecto: los unos saben más o menos cuándo van a morir, mientras que los otros permanecen en la incertidumbre, y por ello creen que podrían vivir para siempre, aunque no se pueda descartar la posibilidad de morir al cabo de un día en un accidente. No es la muerte lo que es terrible. Lo terrible es esperarla."

Hay algo fascinante en la irrupción de los escenarios postapocalípticos en el arte contemporáneo. Ya sea a través de películas, videojuegos, novelas o discos de música, el "día después" del fin del mundo sigue subyugándonos como cualquier otra idea difícilmente pueda hacerlo. Ya sea por invasiones alienígenas, catástrofes nucleares, guerras bacteriológicas, conflagraciones mundiales a gran escala o catástrofes medioambientales producidas por la mano del hombre, el qué ocurrirá después de cualquiera de esos sucesos despierta en nosotros una mezcla de temor, incertidumbre y morbo. En cierta forma, el interés viene dado por la amenaza latente que las sociedades contemporáneas, tan avanzadas y al mismo tiempo tan frágiles ellas, incorporan en sí mismas como el germen de su propia autodestrucción. La aplicación de la ciencia a la tecnología, y ésta a los sistema de producción de las sociedades modernas, ha tenido como resultado la aceleración de los procesos históricos, cuya fuerza centrífuga puede hacernos sentir vértigo si despegamos la vista del horizonte que tenemos enfrente. Si además, como sostenía Rousseau o Adorno, constatamos que la propia idea de Progreso tecnológico o instrumental no va ligada a la de Progreso en sentido moral, tenemos en nuestras manos los mimbres necesarios para construir la Catástrofe.

domingo, 2 de noviembre de 2014

(1872) Fiódor M. Dostoievski - Los Demonios




"Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó. Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado."
Lucas 8:30–36

Cuando en 1866 un Dostoievski asolado por las deudas tuvo que recurrir a los servicios de una taquígrafa para redactar en tan solo 26 días la novela El Jugador, saldando con ello una obligación cuya multa lo hubiera despojado de todo su patrimonio literario en beneficio de sus acreedores, seguramente no barruntaba la posibilidad de que esa muchacha de mirada inquisitiva podría llegar a convertirse en su esposa. O tal vez sí, y demasiado bien quizá, pues apenas redactado el libro, se casaron solo unos meses más tarde, en febrero de 1867. Dostoievski, entonces, prometió a su esposa un viaje por Europa, cuna de las nuevas ideas, con toda la pompa y el lujo que solo el convencimiento del apostante y la credulidad de la enamorada eran capaces de justificar en virtud de los ingresos efectivos del nuevo hogar. El viaje se prolongó cuatro años, durante los cuales el matrimonio tuvo que sobreponerse al fallecimiento de su primogénita Sonia apenas tres meses después de su nacimiento. Ni que decir tiene que las condiciones económicas no fueron las prometidas y, en palabras de Anna Grigórievna Snítkina, vivieron en "relativa pobreza" durante todo ese tiempo. Sin embargo, y a pesar de la adversidad, el matrimonio permaneció unido, dando como frutos otros dos vástagos. En 1869, y tras la publicación de El Idiota, el matrimonio recibiría en Dresde la visita de Snitkin, hermano de Anna, y sería entonces cuando propiamente comenzaría la historia de la redacción de "Los Demonios".

Licencia de Creative Commons
Conclusión Irrelevante by Jose Gaona is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en http://conclusionirrelevante.blogspot.com.es/p/licencia.html