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miércoles, 29 de abril de 2015

(2014) Alberto Garzón Espinosa - La tercera república

republicanismo, Garzón, corrupción, socialismo, Robespierre


"Lo que nosotros defendemos aquí es que la res pública, como comunidad política de personas igualmente libres, no puede existir en un contexto de amplia desigualdad de poder, riqueza o renta. Porque precisamente esta desigualdad desata tensiones políticas que provocan movimientos reactivos que amenazan con destruir las bases de cualquier comunidad política. Es decir, sin democracia sustantiva no cabe pensar en una comunidad política estable."

No hace mucho tiempo en este país de endeble memoria la percepción social de la monarquía estaba por los suelos. Y mucha de la culpa la tenía Juan Carlos de Borbón. Los safaris, las infidelidades y los casos de corrupción que asolaron la casa real durante sus últimos años de reinado fueron los responsables de su pérdida de popularidad ante un pueblo que cada vez tenía más dificultades para llegar a final de mes y veía como una imperdonable falta de respeto los derroches y saqueos del monarca y su familia. Así que Juan Carlos hizo lo que todo el mundo le pedía, acólitos y palmeros al margen, y abdicó. Y lo hizo no sin polémica parlamentaria, con partidos que aprovecharon para plantear el interrogante acerca de la forma de Estado que se merecía el país y partidos que hicieron gala de dotes malabaristas enarbolando la bandera del republicanismo monárquico. Parecía que las contradicciones del sistema afloraban a la superficie y la posibilidad de un nuevo horizonte era real.

martes, 7 de abril de 2015

(1885) Émile Zola - Germinal


Minas, proletariado, burguesía, lucha de clases, siglo XIX, revolución


"En la casa de los Maheu, en el número 16 del segundo cuerpo, no se había movido nadie. Espesas tinieblas envolvían la única habitación del primer piso, como abrumado bajo su peso el sueño de los seres que se adivinaban ahí, amontonados, con la boca abierta, destrozados por el cansancio. A pesar del frío intenso del exterior, el aire enrarecido tenía un calor vivo, ese aliento caluroso de los cuartos que huelen a ganado humano."

Con la llegada de la revolución industrial a mediados del siglo XVIII, la humanidad fue testigo de un aumento en la productividad que aún hoy en día no tiene parangón en la historia. La aplicación de los principios de la máquina de vapor, posteriormente sistematizados rigurosamente en la ciencia física de la termodinámica, llevó a que la aplicación de los novedosos descubrimientos tecnológicos incrementaran exponencialmente los rendimientos del trabajo, sí, pero sobre todo del capital. Y es que técnica ha existido siempre, pero la inversión en ella no siempre ha ofrecido réditos seguros. Más si cabe cuando la estructura de la producción de épocas pasadas se sustentaba en el factor trabajo a coste casi cero por medio de la esclavitud o la servidumbre. Solo sería a través de la confluencia de un conjunto de causas —entre las cuales pueden destacarse la importancia creciente de los nichos urbanos como favorecedores del comercio y, por tanto, de la acumulación de riqueza, el nacimiento de una incipiente clase social nueva producto del estado de cosas anterior y, en el seno de esta nueva clase social, o más bien en las interacciones entre esta nueva clase social, la burguesía, y la que anteriormente acaparaba las riquezas, la nobleza, el surgimiento de una clase de hombres nueva pero antigua al mismo tiempo, ociosa pero científica y cuyo foco de atención y curiosidad se trasladaría desde las cuestiones apriorísticas hasta las experimentales—  que la inversión de capital cobraría la importancia que ha venido teniendo hasta el día de hoy. Con la revolución industrial el ser humano entraría en una nueva fase de su historia caracterizada por la creación bruta de riqueza. La historia del capitalismo industrial podría relatarse así como la heroica travesía por la cual el hombre de ciencia llegó a dominar a la naturaleza. Una historia así tendría toda la épica de los viejos relatos míticos de Hesíodo o Sturluson. También tendría la misma dosis de irrealidad que aquellos. Una historia del capitalismo industrial haciendo referencia únicamente a los emprendedores que osaron apostar al caballo finalmente ganador de las locuras diseñadas por el hombre científico y tecnológico corre el serio peligro de falsear y silenciar a los perdedores colaterales de todos esos triunfos del "género humano".

domingo, 2 de noviembre de 2014

(1872) Fiódor M. Dostoievski - Los Demonios




"Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó. Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado."
Lucas 8:30–36

Cuando en 1866 un Dostoievski asolado por las deudas tuvo que recurrir a los servicios de una taquígrafa para redactar en tan solo 26 días la novela El Jugador, saldando con ello una obligación cuya multa lo hubiera despojado de todo su patrimonio literario en beneficio de sus acreedores, seguramente no barruntaba la posibilidad de que esa muchacha de mirada inquisitiva podría llegar a convertirse en su esposa. O tal vez sí, y demasiado bien quizá, pues apenas redactado el libro, se casaron solo unos meses más tarde, en febrero de 1867. Dostoievski, entonces, prometió a su esposa un viaje por Europa, cuna de las nuevas ideas, con toda la pompa y el lujo que solo el convencimiento del apostante y la credulidad de la enamorada eran capaces de justificar en virtud de los ingresos efectivos del nuevo hogar. El viaje se prolongó cuatro años, durante los cuales el matrimonio tuvo que sobreponerse al fallecimiento de su primogénita Sonia apenas tres meses después de su nacimiento. Ni que decir tiene que las condiciones económicas no fueron las prometidas y, en palabras de Anna Grigórievna Snítkina, vivieron en "relativa pobreza" durante todo ese tiempo. Sin embargo, y a pesar de la adversidad, el matrimonio permaneció unido, dando como frutos otros dos vástagos. En 1869, y tras la publicación de El Idiota, el matrimonio recibiría en Dresde la visita de Snitkin, hermano de Anna, y sería entonces cuando propiamente comenzaría la historia de la redacción de "Los Demonios".

domingo, 19 de octubre de 2014

(1908) Jack London - El talón de hierro



(Publicado originalmente en Goodreads el 25 de abril de 2014)


Escrito a modo de crónica casi mítica, "El Talón de Hierro" nos habla de un futuro distópico y, por tanto, es un libro a añadir a la lista que forman "1984", "Un Mundo Feliz", "Nosotros",  etc. Una de sus virtudes indiscutibles consiste en presagiar certeramente el surgimiento y la concentración de los grupos de poder para-políticos, las multinacionales, trusts y, en una palabra, la "oligarquía" como desarrollo del capitalismo maduro, al mismo tiempo que consistir en una exposición bastante didáctica de las ideas marxistas.

Una de las peculiaridades de este libro es que es un libro dentro de otro libro. Efectivamente, escrito en 1908, "El Talón de Hierro" consiste en la crónica, a través de su mujer, de la acción preventiva y después revolucionaria de Ernest Everhard, el héroe, si acaso más bien Titán, de la novela. Los hechos de la crónica se desarrollan durante la década de los años 10 del siglo XX y la propia crónica está escrita en algún momento del siglo XX, durante la vida de la mujer de Ernest, Angie. Sin embargo, a medida que vamos leyendo el libro, es decir, la crónica, y por medio de abundante aparato crítico y contextual, nos enteramos, que las memorias han sido rescatadas más de 400 años después de los hechos, en un futuro en el que el régimen del talón de hierro, de la oligarquía, ha dado paso a la utopía socialista. Por tanto, el libro es al mismo tiempo una distopía tanto como una utopía y, por si fuera poco, es también una ucronía. Toma ya.

miércoles, 15 de octubre de 2014

(2002) Jean-François Revel - La obsesión antiamericana




En "Ni Marx ni Jesús" precisé en varias ocasiones que entendía por revolución americana menos un epifenómeno político sobre las camas visibles del poder que una serie de transformaciones habidas espontáneamente en las profundidades de la sociedad. Aquellas transformaciones radicales habían nacido, habían crecido, proseguían y proseguirían independientemente de las alternancias de mayoría que había habido o habría en el nivel federal. Se puede cambiar de régimen sin cambiar de sociedad y se puede cambiar de sociedad sin cambiar de régimen. El Free Movement americano brotó y perseveró con presidencias tanto demócratas como republicanas. Es que nunca o muy raras veces cayó, como sus réplicas europeas, en la ideologías atrasadas del siglo XIX y los yugos teóricos de las pseudorrevoluciones marxistas del XX. Quien dice revolución, sostenía yo, dice, por definición, acontecimiento hasta entonces inusitado y que sobreviene por vías diferentes de los cauces históricos conocidos. Quien dice revolución habla de lo que no se puede pensar ni concebir siquiera mediante conceptos antiguos. Resultaba una evidencia para mí: la verdadera revolución no estaba en Cuba, sino en California.

Para ser sinceros, desconocía la trayectoria del francés Jean-François Revel (1924-2006) hasta la lectura de este libro. Filósofo de formación, participó en la resistencia de la Francia ocupada por los nazis y simpatizó con el socialismo hasta que en 1970, y tras una serie de viajes por EEUU, renegó de su anterior credo para abrazar las turgencias del liberalismo político, que no dejaría de elogiar hasta su muerte. Esto último es importante. Revel, en los 70, se erigió como el mayor apologista de EEUU en una Francia dominada intelectualmente por la generación del 68. Hecho que le valdría para granjearse la fama de eterno polemista. Un extraño en su propia Tierra, en cierta forma. Este aspecto, sin embargo, y en la medida en que es parte inseparable de su trayectoria, también me era desconocido en su figura. Realmente lo que me movió a hincarle el diente a este libro fue un ingenuo: "Mira eso, un francés siendo infiel a su patria. Tiene que ser interesante".


miércoles, 8 de octubre de 2014

(2002) Vicenç Navarro - Bienestar Insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país



(Reseña originalmente publicada en Goodreads el 6 de octubre de 2014)


Ayer me enteraba de la noticia de que Vicenç Navarro había sido elegido para diseñar el programa económico de Podemos junto a Juan Torres. A Navarro ya le conocía por su columna en Público y sabía que era un seguidor de las políticas neokeynesianas de expansión del gasto público. Pero más allá de eso, conocía de su pensamiento lo que unos pocos párrafos por vez pueden llegar a permitir, es decir, poco. De Juan Torres directamente no conozco nada (pero eso pronto va a dejar de ser así). Como simpatizo con la formación, me puse ayer con la tarea de leer este "Bienestar insuficiente, democracia incompleta", premio Anagrama de ensayo en 2002.

Lo primero que llama la atención en este libro es que tiene 12 años, es decir, que fue escrito en plena pujanza económica, durante la segunda legislatura de Aznar, en el apogeo de la efervescencia de la burbuja inmobiliaria. En esa época de la historia reciente de superávits públicos continuados, de crecimiento sostenido a tasas interanuales muy altas, de convergencia europea. Aquellos "años dorados" que precedieron a la entrada en vigor de la moneda única, del "España va bien" tan estúpidamente repetido por Aznar. La primera parte de este libro, contextualizado en aquella época, es, precisamente, una refutación de aquella tesis. La economía española iba bien, pero España no iba bien; y Cataluña, donde se pregonaba que las cosas iban mejor, en realidad iban peor (¿Adivináis quién gobernaba aquella comunidad por aquel entonces?).

(1998) Slavoj Žižek - En defensa de la Intolerancia



(Reseña publicada originalmente en Goodreads el 13 de mayo de 2014)


Notable esfuerzo de Slavoj Zizek por reformular el pensamiento de izquierdas actual. El popular pensador esloveno define lo auténticamente "político" como una fuerza intrínsecamente desestabilizadora de la jerarquía imperante, del orden establecido, y que nace en la antigua Grecia como la manera que tiene el demos de declarar y por tanto defender sus derechos. A continuación, establece una taxonomía de las distintas negaciones que se han dado a este iniciático momento, entre las cuales la más importante es la "post-política", que es la política (en el sentido que no da Zizek al término) que domina las relaciones en el mundo del capitalismo avanzado. En la "post-política" los conflictos ideológicos se diluyen por la colaboración de tecnócratas ilustrrados y expertos en economía con los liberales multiculturalistas. De esta manera, todo reclamo de las minorías tiene su lugar y su respuesta. Se politiza el aborto, la ablación, los derechos de los gays y lesbianas, el uso de la viagra y en general se da voz y voto a todas las minorías. Pero este movimiento conciliador de la post-política esconde, según Zizek, motivos perversos: en el libre acceso de las reivindicaciones de esas minorías, en su supuesta politización, se les sustrae su componente desestabilizador, contrario al sistema. Esto se aprecia en las dificultades que tienen los multiculturalistas liberales a la hora de afrontar las contradicciones a las que les llevan sus presupuestos: o bien permiten demasiado o bien permiten demasiado poco. Sin embargo, para Zizek, la verdadera perversidad de la post-política reside en que en su supuesta apertura para problematizar cualquier cuestión, esconde debajo del sillón el problema fundamental: la despolitización de la economía. Pues, si no se politiza la economía, toda perspectiva de materializar las reivindicaciones de derechos resulta vacua. No se trata de deslegitimar la politización de las reclamaciones de las minorías y que el liberalismo multiculturalista, la post-política, abraza. Se trata más bien de mostrar que esa supuesta tolerancia, en realidad, esconde como motivo fundamental la negación del estatuto político de la economía. Negar ese status-quo de lo económico es defender la intolerancia, como negación de esa tolerancia mal entendida.

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