"Hay quien dice que la Cibeles llevaba la mirada empitonada de hambre y que cuando apareció Raúl se subió la túnica y le ofreció el muslamen para que le ajustase la liga. Entonces la negrura de tantas noches de insomnio y espera que había oscurecido sus ojos, entonces desapareció de repente y todos pudimos dar cuenta de que la Cibeles nunca fue una diosa difícil. Sólo hay que saberla trastear y en los últimos tiempos los merengues andaban más preocupados en mirarse al espejo que en endulzar el vientre de su diosa."
Será por libros de fútbol. Otra cosa no, pero de ellos las estanterías de las librerías están llenos. Anecdotarios, biografías, almanaques de efemérides, sesudos análisis tácticos o compendios de autoayuda. Incluso breviarios para la buena formación de las nuevas generaciones. Y si tienen alguna duda de lo que digo, echen un vistazo al último libro que ha publicado Cañizares —sí, el portero que se perdió un mundial pero acudió a la convocatoria de la selección para hacer piña—, que bien podría haberse titulado "Anda chaval, agáchate y recógeme el bote de colonia" a juzgar por esa sórdida portada de gasolinera.




