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viernes, 3 de julio de 2020

(2000) Dan Brown - Ángeles y Demonios




"La ciencia nos salvará, dicen ustedes. Yo digo que la ciencia nos ha destruido. Desde los tiempos de Galileo, la Iglesia ha intentado aminorar la velocidad de la marcha inexorable de la ciencia, a veces con medios descarriados, pero siempre con buenas intenciones. Aún así, las tentaciones son demasiado grandes para que los hombres opongan resistencia. Miren a su alrededor. No se han cumplido las promesas de la ciencia. Las promesas de eficacia y sencillez no han traído más que contaminación y caos. Somos una especie fracturada y frenética... que avanza por el sendero de la destrucción."

Leer a Dan Brown es como comerse una hamburguesa de alguna cadena de comida rápida: su prosa no sacia, aunque te incita a seguir leyendo. Y como esas hamburguesas, su contenido nutricional está descompensado. En cierta forma, los libros de Brown abusan del glutamato monosódico literario: son adictivos pero insatisfactorios en la medida en que rozan superficialmente asuntos que merecerían un tratamiento más profundo. ¿Es eso malo? No necesariamente y, en cualquier caso, depende de nuestros propios objetivos. No todo el mundo busca leer radiografías del alma humana ni sesudas obras de divulgación que pongan patas arriba nuestro acervo cultural y personal. Incluso quien lo busca, no lo hace todo el tiempo. Todos caemos en los placeres culpables. Porque una hamburguesa de vez en cuando no hace daño...

jueves, 21 de diciembre de 2017

(2004) Dan Burstein - Los secretos del código

Religión, El código da Vinci, Dan Brown, María Magdalena, evangelios gnósticos


"Hay dos relatos bíblicos referidos a la creación de la primera mujer. Uno dice que Eva fue creada a partir de la costilla de Adán (Gén. 2.21); el otro que Dios creó la primera pareja, macho y hembra, a su propia imagen (Gén, 1.26-27). El segundo relato sugiere que Dios Creador mismo tiene una doble naturaleza que combina características masculinas y femeninas. Los gnósticos tendían a preferir esta versión y desarrollaron varias interpretaciones de ésta. Esta versión le da igualdad a la mujer, mientras que la versión de la costilla de Adán la subordina al hombre."
Stephan A. Hoeller

Uno de los efectos colaterales del éxito de El código Da Vinci fue la aparición por generación espontánea de libros con títulos de similares características. "El acertijo de Newton", "El Código de Rousseau", "El misterio de Pitágoras", "La conspiración Galileo", "El enigma Turing", etc. Desconozco si he acertado con la existencia de alguno de estos títulos; me los he inventado todos. Lo que trato de decir es que, al calor del éxito de Brown, se publicaron un buen número de obras tratando de replicar la fórmula del éxito de "El Código Da Vinci". Además, los títulos de esos libros parecían estar hechos con algún tipo de software de números aleatorios. Parecían el producto de la extracción de un nombre de entre un gran banco de grandes científicos (siempre con inquietudes filosóficas) y de un sustantivo de entre un banco de términos asociados con el suspense. El producto eran frases efectistas de tres o cuatro palabras que hacían rumiar al comprador sobre la posible idoneidad de adquirir el ejemplar en cuya portada se mostraba, en una suerte de difuminado, algunos de los siguientes elementos: la cara del científico, alguna de sus creaciones, alguna de sus predicciones, algún objeto relacionado con sus investigaciones y objetos, paisajes o lugares relacionados con la propia trama. Y es que esos volúmenes transmitían una fascinante sensación de aleatoriedad y predictibilidad al mismo tiempo, como las canciones de Jarabe de Palo. Aún hoy en día, yo no descartaría la hipótesis de que primero se pensasen los títulos y las portadas de esos libros, y después se procediera a construir su argumento.

jueves, 14 de diciembre de 2017

(2003) Dan Brown - El Código Da Vinci

Da Vinci, Newton, Robert Langdon, Silas, Sauniere


"El Grial es, literalmente, el símbolo antiguo de la femineidad, y el Santo Grial representa la divinidad femenina y la diosa, que por supuesto se ha perdido, suprimida de raíz por la Iglesia. El poder de la mujer y su capacidad para engendrar vida fueron en otro tiempo algo muy sagrado, pero suponían una amenaza para el ascenso de una Iglesia predominantemente masculina, por lo que la divinidad femenina empezó a demonizarse y a considerarse impura. Fue el hombre, y no Dios, quien creó el concepto de pecado original, por el que Eva probaba la manzana y provocaba la caída de la humanidad. La mujer, antes sagrada y engendradora de vida, se convertía así en el enemigo."

No recuerdo un fenómeno editorial tan potente como El Código Da Vinci. De hecho, es el libro más vendido en lo que llevamos de siglo XXI. Ni las 50 sombras, ni los libros de Harry Potter, ni otras sagas como Millenium o Crepúsculo se le acercan. Su eclosión fue un auténtico bombazo. De él se sacó un videojuego más o menos decente y una saga de películas interpretada por Tom Hanks. Pero sobre todo, su éxito se debió a que en el lapso entre la publicación de la obra y el estreno de la película generó ríos y ríos de tinta. Y es que allí por donde pasó, la polémica le precedió. La interpretación tan radical del arte y de los mitos cristianos y todo un aparataje historiográfico dudoso —aunque sugestivo— prendieron la mecha. El mundo ardió gracias al código.

viernes, 8 de diciembre de 2017

(2017) Dan Brown - Origen

Ciencia, Gaudí, Barcelona, Biología, origen de la vida, arte, Langdon


"Esta noche seremos como los primeros exploradores —anunció Kirsch—. Aquellos que lo dejaron todo atrás para surcar los vastos océanos... Aquellos que vislumbraron por primera vez una tierra ignota... Aquellos que, sobrecogidos, cayeron de rodillas al descubrir que el mundo era mucho más grande de lo que sus mentes se habían atrevido a imaginar y que vieron cómo sus afianzadas creencias se desintegraban bajo la luz de los nuevos hallazgos. Ésta es la disposición de ánimo que debemos adoptar."

Como filósofo, o al menos como licenciado en Filosofía, siempre me ha enervado el intento de reducir la disciplina a un conjunto de preguntas genéricas. Y "¿De dónde venimos?" o "¿A dónde vamos?" son, de entre todas ellas, las más recurrentes y, al mismo tiempo, las más plúmbeas. Sobre todo porque actualmente no son propiamente preguntas filosóficas, sino preguntas que, en todo caso, deberá contestar la ciencia con sus propias herramientas. A fin de cuentas, la ciencia trabaja con hechos y las respuestas a esas preguntas no pueden encontrarse más allá del espacio y el tiempo, pues de lo contrario incumplirían la propia gramática de la pregunta: todo "dónde" apela a una región espacio-temporal, y toda región espacio-temporal es susceptible de ser descrita y explicada mediante las herramientas de la ciencia. Si el origen de las cosas radicara en una intervención (divina, demiúrgica, etc.) hecha desde fuera del universo, esto equivaldría a decir que el origen de las cosas estaría en un lugar que, en realidad, sería un no-lugar. Sería un no-lugar porque estaría más allá del conjunto de todos los lugares y, por tanto, de todas las respuestas posibles a todos los "dóndes". Necesitaríamos toda una nueva lógica gramatical que nos permitiese expresar una respuesta sobrenatural a un hecho de marcado carácter natural.

martes, 16 de mayo de 2017

(1985) Margaret Atwood - El cuento de la criada

feminismo, teocracia, distopía, Defred, Deglen, Martha,


"Recuerdo cuando visitaba las galerías de arte, recorriendo el siglo diecinueve, y la obsesión que tenían por los harenes. Montones de cuadros de harenes, mujeres gordas repantingadas en divanes, con turbantes en la cabeza o tocados de terciopelo, abanicadas con colas de pavo real por un eunuco que montaba guardia en último plano. Estudios de cuerpos sedentarios, pintados por hombres que jamás habían estado allí. Se suponía que estos cuadros eran eróticos, y a mí me lo parecían en aquellos tiempos; pero ahora comprendo cuál era su verdadero significado: mostraban una alegría interrumpida, una espera, objetos que no se usaban. Eran cuadros que representaban el aburrimiento."

Suele haber bastante consenso en considerar el periodo comprendido entre el final de la segunda guerra mundial y la crisis del petróleo como la edad de oro del capitalismo global. Las economías del primer mundo disfrutaron entonces de crecimientos sostenidos y elevados del PIB, tasas cercanas al pleno empleo, índices de Gini moderados y, en general, gozaron de condiciones suficientes para que todos los miembros de la sociedad no tuviesen que quedar excluidos del progreso, creación del Estado del bienestar en Europa mediante. Sin embargo, todo macro-relato tiene sus fisuras, y el de la edad de oro del capitalismo no iba a ser menos, como vendría a poner negro sobre blanco Betty Friedan en "La mística de la feminidad".

domingo, 30 de abril de 2017

(2015) Michel Houellebecq - Sumisión

Islam, religión, crítica literaria, Huysmans, Francia


"Había que rendirse a la evidencia: llegada a un grado de descomposición repugnante, Europa occidental ya no estaba en condiciones de salvarse a sí misma, como no lo estuvo la Roma antigua en el siglo V de nuestra era. La llegada masiva de poblaciones inmigrantes impregnadas de una cultura tradicional marcada aún por las jerarquías naturales, la sumisión de la mujer y el respeto a los ancianos constituía una oportunidad histórica para el rearme moral y familiar de Europa, abría la perspectiva de una nueva edad de oro para el viejo continente. Esas poblaciones eran a veces cristianas; pero, por lo general, había que admitirlo, eran musulmanas.

Imagine la siguiente situación: una saltadora de pértiga se prepara para su salto garrocha al hombro. Inspira profundamente y visualiza los aproximadamente cuarenta metros de carrera que tiene delante de sí. Traga saliva. Visualiza a continuación el momento crítico, el acople de la pértiga en el cajetín. La palanca ha de ser perfecta y debe proyectarle a las alturas para, en un último y heroico impulso de brazos, arrojarle por encima del listón. Si lo consigue, la caída será dulce; pero si derriba el listón, las dudas le asaltarán y será presa de la decepción. Finalmente, nuestra saltadora echa a correr. Se trata de un sprint recio, de espalda recta y brazos firmes sujetando la pértiga. Apenas dura unos segundos. El momento clave llega, pero se desarrolla sin imprevistos: la pértiga se clava mientras la palanca la contorsiona y propulsa a nuestra heroína, que se transporta en el aire hasta las alturas. Pero algo extraño ocurre: al aproximarse nuestra saltadora al listón, éste se difumina, desapareciendo finalmente como si de una ilusión óptica se tratara. Pero no es lo único que desaparece, la colchoneta sobre la que tenía que caer y el suelo bajo sus pies se transmutan en vacío. La caída será infinita. En ese preciso instante, una conmoción invade el ánimo de nuestra saltadora, que entiende que el esfuerzo realizado ha sido en vano y las consecuencias... 

domingo, 23 de abril de 2017

(2007) Christopher Hitchens - Dios no es Bueno

Religión, ateísmo, Dios


"No cabe ninguna duda de que el culto a la muerte y la insistencia en los augurios del fin proceden de un deseo subrepticio de verlo acaecer y de poner fin a la angustia y a la duda que siempre amenaza al mantenimiento de la fe. Cuando el terremoto nos sacude, el tsunami lo inunda todo o las Torres Gemelas estallan, uno puede ver y oír la callada satisfacción de los fieles, como si dijeran con regocijo: «¡Fijaos, esto es lo que sucede por no escucharnos!». Con una sonrisa empalagosa presentan una redención que no les corresponde ofrecer a ellos y, cuando se duda de ella, adoptan una expresión amenazadora como diciendo: «¡Oh!, ¿así que rechazáis nuestra oferta del paraíso? Muy bien, en ese caso tenemos reservado otro destino para vosotros». ¡Menudo amor! ¡Menudas atenciones!"

La primera vez que supe de Christopher Hitchens fue hace algunos años a través de este debate. En él se daban cita un par de defensores de la Iglesia Católica y un par de sus más feroces críticos y, ambos tándems, trataban de contestar a la pregunta "¿Es la Iglesia Católica una fuerza para el bien en el mundo?". La propia pregunta anticipaba la masacre que se produciría a continuación. Y es que no es lo mismo preguntar acerca de si la Iglesia Católica puede o podría ser una fuerza para el bien en el mundo que preguntar si de hecho lo es o ha sido. En el primer caso uno debe remitirse a los fundamentos conceptuales de la Institución y ver si ellos permitirían tal estado de cosas. En el segundo, muy al contrario, basta con echar un vistazo a la realidad o, en su defecto, a la historia. Sabedor de esto, Hitchens construía una furibunda diatriba contra la Iglesia Católica basada en muchos de sus pecados pasados y actuales y cómo esos pecados fueron justificados bajo el amparo de la verdad de las Escrituras, de la verdad de su interpretación o, simple y llanamente, de la infalibilidad de Dios y de la Iglesia Católica. Pero si esto es así, ninguna institución humana que se declare infalible puede ser buena bajo cualquier indagación o cuestionamiento de índole moral. En otras palabras: Hitchens comenzaba argumentando por qué la Iglesia no es buena y concluía con un argumento acerca de por qué la Iglesia no puede ser buena. En esencia, el libro que comentaremos hoy sigue el mismo patrón, extendiendo su área de aplicación. Porque "Dios no es bueno" no habla del Dios católico o, al menos, no en exclusiva. Ni tan siquiera del Dios Cristiano. Tampoco lo hace del Dios judío o musulmán. Lo hace de todos ellos, en realidad.

martes, 30 de diciembre de 2014

(2008) Jostein Gaarder - El Castillo de los Pirineos


Pirineos, Magritte, Filosofía, Religión, panteismo, amor,


"¿Has pensado en lo siguiente? Nosotros dos observamos realmente algo parecido a un enorme bloque de piedra suspendido en el aire por encima del musgo y del brezo. Un milagro, amigo. ¡Un milagro de este mundo! Y déjame añadir: en aquel instante observamos exactamente lo mismo, en eso estábamos de acuerdo."

Aún recuerdo las buenas sensaciones que me produjo la lectura de El mundo de Sofía. Yo tenía 17 años y me encontraba en los últimos días del verano, esperando con una mezcla de curiosidad e inquietud el inicio del curso, o lo que era lo mismo: el comienzo de la universidad. Yo iba a estudiar Filosofía, así que por aquello de irme preparando para lo que yo creía que me esperaba, decidí hincarle el diente a la novela de Jostein Gaarder. El Mundo de Sofía no era ni más ni menos que una historia de la filosofía novelada a través del intercambio epistolar entre una niña de catorce años y un misterioso filósofo. La verdad es que más allá del subtexto pederasta, el libro me encantó. Logré rellenar provisionalmente las lagunas que tenía al mismo tiempo que hallé entretenimiento en su lectura. Una buena obra de divulgación que quizá hoy podría llegar a parecerme un tanto ingenua, pero que como tentempié e iniciación a la filosofía cumplió sobradamente. Tuve conocimiento del libro porque nos lo recomendó nuestro profesor de segundo de bachiller de filosofía en una de esas sugerencias teñidas de condescendencia que tanto gustan a los maestros. Recuerdo otra recomendación que me hicieron el anterior año: Los pilares de la Tierra, a cargo de nuestro profesor de Economía a propósito de las catedrales góticas, tema de estudio en ese momento de la asignatura de Historia del Arte. Lo leí y puedo decir que recomendar Los pilares de la Tierra para arrojar conocimiento acerca de la construcción de catedrales góticas es como recomendar La Metamorfosis de Kafka para enseñar entomología. Sí, hay catedrales e insectos en uno y otro, pero no tratan de esos temas. Eso me pasa por hacerle caso a los economistas. Como sea, siempre me ha gustado que me recomienden libros, así que tras el escepticismo inicial, apunté el libro y unos meses después lo devoré. Además, tampoco nos tiremos el pisto. Aunque pudiera recelar del libro, ese verano cayeron también Crimen y Castigo y El Jugador de Dostoievski, sí, pero también El código Da Vinci. Siempre he sido bastante liberal para esos temas. Por ello quizá, por el buen recuerdo que me dejó el libro de Gaarder, esto es, por un poco de nostalgia, pero también por esa liberalidad en mis lecturas, ese ser un poco picaflor literario, caí en El Castillo de los Pirineos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

(2002) Jean-François Revel - La obsesión antiamericana




En "Ni Marx ni Jesús" precisé en varias ocasiones que entendía por revolución americana menos un epifenómeno político sobre las camas visibles del poder que una serie de transformaciones habidas espontáneamente en las profundidades de la sociedad. Aquellas transformaciones radicales habían nacido, habían crecido, proseguían y proseguirían independientemente de las alternancias de mayoría que había habido o habría en el nivel federal. Se puede cambiar de régimen sin cambiar de sociedad y se puede cambiar de sociedad sin cambiar de régimen. El Free Movement americano brotó y perseveró con presidencias tanto demócratas como republicanas. Es que nunca o muy raras veces cayó, como sus réplicas europeas, en la ideologías atrasadas del siglo XIX y los yugos teóricos de las pseudorrevoluciones marxistas del XX. Quien dice revolución, sostenía yo, dice, por definición, acontecimiento hasta entonces inusitado y que sobreviene por vías diferentes de los cauces históricos conocidos. Quien dice revolución habla de lo que no se puede pensar ni concebir siquiera mediante conceptos antiguos. Resultaba una evidencia para mí: la verdadera revolución no estaba en Cuba, sino en California.

Para ser sinceros, desconocía la trayectoria del francés Jean-François Revel (1924-2006) hasta la lectura de este libro. Filósofo de formación, participó en la resistencia de la Francia ocupada por los nazis y simpatizó con el socialismo hasta que en 1970, y tras una serie de viajes por EEUU, renegó de su anterior credo para abrazar las turgencias del liberalismo político, que no dejaría de elogiar hasta su muerte. Esto último es importante. Revel, en los 70, se erigió como el mayor apologista de EEUU en una Francia dominada intelectualmente por la generación del 68. Hecho que le valdría para granjearse la fama de eterno polemista. Un extraño en su propia Tierra, en cierta forma. Este aspecto, sin embargo, y en la medida en que es parte inseparable de su trayectoria, también me era desconocido en su figura. Realmente lo que me movió a hincarle el diente a este libro fue un ingenuo: "Mira eso, un francés siendo infiel a su patria. Tiene que ser interesante".


miércoles, 8 de octubre de 2014

(1930) Miguel de Unamuno - San Manuel Bueno, Mártir



(Reseña publicada originalmente en Goodreads el 18 de mayo de 2014)


Desgarradura vital la que somete Unamuno a sus lectores en esta breve pero intensa novela en la que se nos cuenta, a través de las memorias de una de sus feligresas, la vida de un párroco que, años después de fallecer, se encuentra en proceso de beatificación. Esta desgarradura se produce, sobre todo, por mediación de dos factores.

En primer lugar por la ambientación. Un pueblo, un lago, un monte... bosquejo esquemático de un paisaje desolador en el que parece ser el último lugar en el que se fijó Dios durante las horas extra de la creación. Pero al mismo tiempo metáfora de la España profunda, rural, analfabeta y brutal. Un lugar en el que Miguel Bueno obró de tal manera que la beatificación es posible.

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