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jueves, 23 de julio de 2020

(2007) Nassim Nicholas Taleb - El Cisne Negro




"Nuestra maquinaria deductiva, ésa que empleamos en la vida cotidiana, no está hecha para un entorno complicado en el que una afirmación cambie de forma notable cuando su formulación en palabras se modifica ligeramente. Pensemos que en un entorno primitivo no existe ninguna diferencia trascendental entre las afirmaciones «la mayoría de los asesinos son animales salvajes» y «la mayoría de los animales salvajes son asesinos». Aquí hay un error, pero apenas tiene consecuencias. Nuestras intuiciones estadísticas no han evolucionado en el seno de un hábitat en que las sutilezas de este tipo puedan marcar una gran diferencia."

Una guerra, un ataque terrorista, un terremoto, un crack bursátil, el éxito editorial de un autor desconocido, un descubrimiento científico, una pandemia, despertarme mañana bajo las sábanas con Scarlett Johansson entre mis brazos... ¿Qué tienen todos estos eventos en común? Por un lado, su escasa probabilidad de ocurrencia, el hecho de que nos resulten inesperados. En segundo lugar, un fuerte impacto, es decir, unas consecuencias que, lejos de ser triviales, modifican sensiblemente un aspecto de la realidad (positiva o negativamente), y provocan un cambio para el que no estábamos preparados de antemano. Finalmente, su predictibilidad retrospectiva —aunque no proyectiva—, la capacidad de contarnos historias explicativas con el objetivo de domesticar la rareza y hacerla predecible en el futuro. A esta clase de fenómenos Nassim Nicholas Taleb —o, como le gusta referirse a sí mismo un tanto presuntuosamente, NNT— los denomina cisnes negros, y en 2007 dedicó un libro a su estudio.

viernes, 3 de julio de 2020

(2000) Dan Brown - Ángeles y Demonios




"La ciencia nos salvará, dicen ustedes. Yo digo que la ciencia nos ha destruido. Desde los tiempos de Galileo, la Iglesia ha intentado aminorar la velocidad de la marcha inexorable de la ciencia, a veces con medios descarriados, pero siempre con buenas intenciones. Aún así, las tentaciones son demasiado grandes para que los hombres opongan resistencia. Miren a su alrededor. No se han cumplido las promesas de la ciencia. Las promesas de eficacia y sencillez no han traído más que contaminación y caos. Somos una especie fracturada y frenética... que avanza por el sendero de la destrucción."

Leer a Dan Brown es como comerse una hamburguesa de alguna cadena de comida rápida: su prosa no sacia, aunque te incita a seguir leyendo. Y como esas hamburguesas, su contenido nutricional está descompensado. En cierta forma, los libros de Brown abusan del glutamato monosódico literario: son adictivos pero insatisfactorios en la medida en que rozan superficialmente asuntos que merecerían un tratamiento más profundo. ¿Es eso malo? No necesariamente y, en cualquier caso, depende de nuestros propios objetivos. No todo el mundo busca leer radiografías del alma humana ni sesudas obras de divulgación que pongan patas arriba nuestro acervo cultural y personal. Incluso quien lo busca, no lo hace todo el tiempo. Todos caemos en los placeres culpables. Porque una hamburguesa de vez en cuando no hace daño...

sábado, 1 de junio de 2019

(2011) Ernest Cline - Ready Player One



«Cuando de investigar se trataba, yo nunca tomaba ningún atajo. En los últimos cinco años había recorrido la lista de las lecturas recomendadas a los gunters. Douglas Adams, Kurt Vonnegut, Neal Stephenson, Richard K. Morgan, Stephen King, Orson Scott Card, Terry Pratchett, Terry Brooks, Bester, Bradbury, Haldeman, Heinlein, Tolkien, Vance, Gibson, Gaiman, Scalzi, Zelazny. Había leído todas las novelas de los autores favoritos de Halliday.»

De un tiempo a esta parte se ha producido un fenómeno bastante curioso en el mundo de los videojuegos, el fenómeno retro. A pesar de que el motor de la industria es la mirada al futuro con la realización de videojuegos con gráficos más realistas, narrativas más profundas e inmersivas y mecánicas jugables más complejas, cada vez más jugadores migran, total o parcialmente, hacia un modelo de entretenimiento donde lo que prima es la nostalgia. La nostalgia de jugar a videojuegos de generaciones pasadas, tecnológicamente obsoletos pero lúdicamente fecundos, con la capacidad evocadora y sugestiva que muchas veces las superproducciones actuales no logran conseguir. Un subproducto de este fenómeno sería la fiebre coleccionista. Una fiebre que ha generado todo un mercado de segunda mano, paralelo a los canales de distribución tradicionales, donde joyas del pasado llegan a alcanzar precios astronómicos. Las grandes empresas de videojuegos se han dado cuenta de este nicho de mercado y, en consecuencia, han empezado a participar en él, satisfaciendo buena parte de la demanda existente. Los ejemplos más claros son la retrocompatibilidad entre consolas y la más reciente puesta en circulación de las consolas mini de 8, 16 y 32 bits. Pero lo más curioso del fenómeno es que ha logrado trascender las barreras propias del mundo de los videojuegos. En efecto, esta nostalgia gamer se ha extendido hasta otras formas de expresión cultural, como la literatura. Y Ready Player One, de Ernest Cline, es el ejemplo más rotundo de ello.

lunes, 13 de mayo de 2019

(2010) Jesús Mosterín - A Favor de los Toros



«Muchos españoles estamos cansados de la permanente propaganda oficial de esta salvajada como presunta fiesta nacional. A muchos nos molesta que se identifique al pueblo español con la caverna taurina, con el mundillo hortera de la tauromaquia, con su cursilería supersticiosa, su sensibilidad embotada y su retórica ramplona, empalagosa y achulada. Spain is different, pero no tanto. Un número enorme y creciente de españoles sentimos, ante el espectáculo taurino, asco, sonrojo, vergüenza, repugnancia estética e indignación moral.»

Siempre he sentido aversión hacia las corridas de toros. Desde que era pequeño. Veía las corridas por la tele sin comprender cómo podía ser que las plazas estuvieran abarrotadas para contemplar un espectáculo en el que se daba muerte a un animal agonizante. No podía comprender el alborozo, la fanfarria, los pañuelos, el júbilo y los vítores, los trajes de gala y, en definitiva, el ambiente festivo que las rodeaba. No podía entender cómo era posible que ese ambiente fuera de la mano de un espectáculo en el que no había lugar para la sorpresa ni para un desenlace alternativo, donde todo estaba diseñado para obtener un resultado calculado de antemano. Me resultaba espeluznante la frialdad y la precisión casi ingenieril subyacente a todo el ritual. Pero lo que más me consternaba era la ausencia de finalidad, de propósito, en el supuesto arte de dar muerte a un animal moribundo.

domingo, 14 de abril de 2019

(1985) Orson Scott Card - El Juego de Ender



En la antigua Esparta, los niños al nacer eran sometidos a un exhaustivo estudio que determinaba su supervivencia más inmediata. Si los bebés mostraban algún tipo de tara física o mental eran asesinados, mientras que si eran fuertes y sanos eran devueltos a las familias para su crianza. A los siete años, los niños eran despojados de sus familias y entregados al Estado para su adiestramiento físico. Los niños espartanos se integraban en unidades militares infantiles y eran endurecidos a través del ejercicio físico y la lucha. Cuando cumplían los veinte años, ingresaban en el ejército. Y a los treinta, se licenciaban pasando a desempeñar puestos en la sociedad civil. El rigor y la férrea disciplina eran los valores más importantes de aquel pueblo. La sociedad espartana era eugenésica en un sentido que a las mentalidades contemporáneas nos resulta moralmente repugnante. Y su énfasis en la militarización tanto de la vida pública como de la privada nos evoca algunas de las imágenes más oscuras del siglo pasado. Además, nuestra imagen del pueblo espartano siempre ha estado condicionada por nuestra imagen del pueblo ateniense. El hecho de que en la sociedad ateniense floreciesen las artes y las ciencias, la democracia y la filosofía, ha hecho que hayamos tratado a Esparta de forma menos condescendiente que a otros pueblos antiguos. Si unos podían, por qué no los otros. A pesar de que entre los admiradores del pueblo espartano se encuentren figuras tan dispares como Platón, Rousseau, Hitler o Frank Miller, todos estos factores han hecho que en un hipotético concurso de popularidad de civilizaciones antiguas, Esparta haya acostumbrado a no salir demasiado favorecida. Sin embargo, la Historia siempre es más complicada.

La Antigua Grecia fue un yermo desde el punto de vista de la abundancia de recursos naturales. Pero este estado de cosas no desembocó en una estrategia uniforme de desarrollo económico en las distintas ciudades-Estado. Si Atenas floreció al calor de las relaciones comerciales con otros pueblos mediterráneos merced a su privilegiada ubicación geográfica, sobreponiéndose al estado natural de escasez, Esparta optó por el aislamiento y la autarquía. Pero ese hecho no fue una decisión totalmente voluntaria. La accidentada orografía de Esparta tuvo mucho que ver. Los montes Parnón y Taigeto, si bien dificultaban —por su encarecimiento— la creación de rutas comerciales con otras ciudades, dotaban a Esparta del paisaje perfecto para configurar una sociedad dirigida hacia la guerra. Ésa era, en verdad, su ventaja comparativa en la lucha por los recursos.

martes, 2 de abril de 2019

(2011) Stephen King - 22/11/63



"El pasado no quiere ser cambiado. El pasado es obstinado."

Cuenta Stephen King en una nota al final de 22/11/63 que la idea para la novela se le ocurrió en 1972. La descartó en aquel momento, en palabras suyas, porque la investigación que acarrearía parecía demasiado ardua para un hombre que enseñaba a jornada completa. Una frase que esconde su contexto. Por aquella época, King, de veinticinco años, y tras encadenar múltiples trabajos de media jornada para costearse los estudios, sobrevivía en un remolque en compañía de Tabitha, la mujer con la que se acababa de casar y que sería desde entonces su fiel compañera de viaje. Ése era el contexto de King como hombre que enseñaba a jornada completa. El contexto de un escritor que no podía permitirse las alegrías propias del que sí puede dedicarse al mundo de la investigación y la escritura a tiempo completo. El contexto de una persona que emprende el proyecto vital más importante —formar una familia— sin la seguridad económica necesaria para llevarlo a buen puerto. Un contexto bastante contemporáneo, todo sea dicho de paso... En cualquier caso, King nos habla de otro motivo: incluso nueve años después del suceso, la herida era demasiado reciente. ¿Qué suceso, qué herida? El asesinato de John Fitzgerald Kennedy. Y es que la fecha del magnicidio más importante de la historia de Estados Unidos —con permiso del asesinato de Lincoln— sirve para titular la novela que vamos a reseñar hoy.

lunes, 7 de enero de 2019

(1995) John Allen Paulos - Un Matemático Lee el Periódico



"He dicho que habría que aumentar la serie de preguntas habituales que los periodistas formulan y que a los lectores les gustaría ver contestadas. Además de Quién, Dónde, Cuándo, Por qué y Cómo, habría que incluir Cuántas, Con qué probabilidad, Qué fracción. ¿Cómo se compara la cantidad con otras cantidades? ¿Cuál es el índice de crecimiento y cómo se coteja? ¿Qué hay de los aspectos autorreferenciales de la noticia? ¿Hay en ella un grado adecuado de complejidad? ¿Nos fijamos en las categorías y relaciones que interesan? ¿Qué cantidad de la noticia es independiente de su exposición? ¿Somos particularmente sensibles al error de disponibilidad o a efectos ancla?"

A pesar de que no soy matemático, siento un respeto reverencial y casi místico por las matemáticas. Porque las matemáticas descifran el sustrato más básico del mundo que nos rodea. Son la red que nos permite atrapar la realidad y modificarla según nuestras necesidades. Son la condición de posibilidad del progreso y el dominio técnico sobre la naturaleza. Nos han permitido pasar de vivir en cuevas y morir a dentelladas bajo las fauces de oscas y temibles fieras a vivir en modernas e interconectadas ciudades tecnológicas con expectativas de vida inimaginables hace un puñado de miles de años. Por supuesto, las matemáticas no llegan a todas partes. La finitud de su alcance es un recordatorio de que la realidad también posee un carácter cualitativo. Pero, en mi opinión, son el logro más importante del intelecto humano. Y sus practicantes, los matemáticos, una suerte de hechiceros laicos, de artistas de lo abstracto, de profetas de la racionalidad.

martes, 4 de diciembre de 2018

(2018) Eva García Sáenz - Los Señores del Tiempo



"Siempre ha habido una cadena de violencia que se remonta a las primeras edades del hombre."

Todo comienzo tiene un final, y a la Trilogía de la Ciudad Blanca le ha llegado el suyo. Hace dos años llegó el primer volumen de la saga a las librerías y, desde entonces, dos más, así como una adaptación cinematográfica aún en proceso de rodaje. Como fenómeno editorial, la Trilogía ha sido imparable. ¿Podemos decir lo mismo a nivel literario? En Conclusión Irrelevante ya reseñamos hace un año las dos primeras partes de la saga. Mientras que El Silencio de la Ciudad Blanca nos adentraba en una historia de crímenes seriales a mitad de camino entre la mitología pagana y el marketing turístico, erigiéndose como un solvente ejercicio de novela negra, Los Ritos del Agua repetía coordenadas estilísticas en una historia que no terminaba de ser todo lo convincente que sería deseable y que acababa por languidecer en comparación con su predecesora. Así pues, la trilogía en su dos primeras partes había tenido un discurrir desigual. Ahora es el turno de reseñar Los Señores del Tiempo, el libro que concluye las andanzas de Unai López de Ayala, alias Kraken, y ver si se parece más a la primera o a la segunda entrega.

miércoles, 10 de octubre de 2018

(2017) Yanis Varoufakis - Comportarse como adultos



"Al colocar un gran peso sobre un puente demasiado endeble, las vigas más débiles son las que se rompen primero. Grecia era esa viga. La razón de su fragilidad no tiene nada que ver con la Unión Europea, y sí en cambio con la triste historia del Estado griego moderno y la oligarquía que ha regido sus destinos. Pero la causa del desastre hay que encontrarla en el diseño defectuoso del puente. Incluso si se hubiera eliminado a Grecia de la estructura y una viga más fuerte hubiera ocupado su lugar, el puente se habría derrumbado de la misma manera."

Se viene hablando mucho últimamente de la ola de populismo de derechas que asola a la Unión Europea. Figuras como Orbán, Salvini o Le Pen promulgan una suerte de repliegue hacia el Estado-Nación, un nacionalismo abiertamente incompatible con el proyecto integrador europeo. En gran medida, este devenir de los tiempos ha estado propiciado por la crisis humanitaria y el aluvión de refugiados procedente de Siria y el África subsahariana. Y es verdad que la inmigración masiva ha generado problemas. El mercado de trabajo italiano, por poner un ejemplo, no ha sido capaz de absorber el flujo de nuevos trabajadores procedente del exterior, y esto ha provocado que, en ausencia de un salario mínimo fijado por ley, la creciente oferta de trabajo haya empujado a la baja el salario de equilibrio de los puestos de trabajo con menor cualificación requerida. Es decir, ha precarizado aún más al precariado. Pero también el precariado, cuya vida se desarrolla en los barrios más baratos de las ciudades, no ha sido inmune a otras dinámicas sociológicas de calado. Una de ellas es la guetificación de los barrios en los que viven a causa de la afluencia de inmigrantes. Otra es la sensación de sentirse un extranjero en tu tierra. Ante este panorama, la izquierda, protectora antaño del trabajador, ha visto como su principal nicho electoral se les ha escurrido de las manos en favor de una extrema derecha que ha sabido conectar con las clases económicas más desfavorecidas. No obstante, explicar la emergencia de los discursos proclives a ensalzar el Estado-Nación y el euroescepticismo por una suerte de coyuntura puntual como es la crisis de los refugiados sería confundir el síntoma con la enfermedad.

jueves, 4 de enero de 2018

(1988) Katherine Neville - El Ocho

Ajedrez, Catherine Velis, Montglane, Robespierre, Talleyrand, Argelia


"Hace seis mil años ya había civilizaciones avanzadas en las riberas de los grandes ríos del mundo: el Nilo, el Ganges, el Indo y el Éufrates. Practicaban un arte secreto que más tarde daría origen tanto a la religión como a la ciencia. Este arte era tan misterioso que se necesitaba que se necesitaba toda una vida para convertirse en iniciado... para penetrar su verdadero sentido. El rito de la iniciación era a menudo cruel y en ocasiones mortal. La tradición de este rito ha llegado hasta tiempos modernos; sigue apareciendo en la misa católica, en los ritos cabalísticos, en las ceremonias de rosacruces y masones. Sin embargo, se ha perdido su sentido oculto. Estos rituales son la representación del proceso de la fórmula que los antiguos conocían... una representación que les permitía transmitir conocimientos mediante un acto. Porque estaba prohibido escribirlo."

Diría que la novela de suspense sazonada de elementos históricos hábilmente colocados para pergeñar la-gran-conspiración, ese tipo de novela que se puso de moda durante la década pasada al calor del éxito de El Código Da Vinci, no vive actualmente sus mejores momentos. Podría decirse que las editoriales, tras años de saturar el mercado, de exprimir la gallina de los huevos de oro, acabaron por agotar un género que, por lo demás, tampoco era demasiado innovador. Podría decirse todo esto hasta que uno se pone a mirar el Premio Planeta de 2017 (concedido hace un par de meses y medio) y ve que el galardonado es el bueno de Javier Sierra con su nueva novela acerca de, oh bendita originalidad, el Santo Grial. Y es entonces cuando te das cuenta de que esta clase de ficción sigue funcionando fantásticamente bien a pesar de todo. Porque el misterio y las conspiraciones siguen vendiendo y lo seguirán haciendo.

jueves, 30 de noviembre de 2017

(1998) Michel Houellebecq - El mundo como supermercado

supermercado, libertad, mundo, egoísmo, sexo


"¿Cuál podría ser el papel de la literatura en el mundo que describe, vacío de sentido moral?

Un papel penoso, en cualquier caso. Cuando uno pone el dedo en la llaga, se condena a un papel antipático. Dado el discurso casi de cuento de hadas de los medios de comunicación, es fácil hacer gala de cualidades literarias desarrollando la ironía, la negatividad, el cinismo. Pero cuando uno quiere superar el cinismo, las cosas se ponen muy difíciles. Si alguien consigue desarrollar en la actualidad un discurso que sea a la vez honesto y positivo, modificará la historia del mundo."

Hay determinados escritores que generan un halo de desconfianza y rechazo cuando se pronuncia su nombre, y Houellebecq es uno de ellos. Puede que sus polémicas con el Islam, su fama de misógino, su aspecto desaliñado como recién salido de una centrifugadora o su afán de llamar la atención tengan buena culpa de ello. De lo que no cabe duda es de su talento como novelista y escritor. ¿Uno de los mejores de su generación? Solo el tiempo lo dirá. Lo que puede darse por seguro es que no es un autor para todo el mundo ni para todos los estómagos. Su particular radicalismo ataca la zona de confort de las sociedades burguesas contemporáneas y muchos de los consensos sociales más básicos. Y aunque su desafiante discurso antropológico pueda palidecer ante las recientes convulsiones sufridas por nuestras sociedades —crisis económica, terrorismo yihadista—, sigue siendo capaz de interpelar al lector a mirarse a sí mismo a través de una luz que pone al descubierto muchas de sus miserias.

viernes, 26 de mayo de 2017

(1999) Naomi Klein - No Logo

Periodismo, Nike, Adidas, Shell, The Gap, Klein,


"La lección del Viernes de Marlboro consistía en que nunca existió una crisis de las marcas, sino tan solo que las marcas sufrían de una crisis de confianza. Wall Street llegó a la conclusión de que las marcas iban a funcionar bien si creían en los principios de la publicidad sin la más mínima sombra de duda. «¡Marcas sí, productos no!»: tal fue la divisa del renacimiento del marketing, liderado por una nueva clase de empresas que se consideraban como «vendedoras de significado» y no como fabricantes de artículos. Lo que estaba cambiando era la idea de lo que se estaba vendiendo, tanto en cuanto a la publicidad como en cuanto a las marcas. El antiguo paradigma era que todo el marketing consiste en la venta de productos. En el nuevo modelo, el producto siempre es secundario respecto al producto real, que es la marca, y la venta de la marca integra un nuevo componente que sólo se puede denominar espiritual. La publicidad es la caza de productos. La construcción de las marcas, en sus personificaciones más auténticas y avanzadas, es la trascendencia de la empresa."

Naomi Klein es una de las personalidades más influyentes de la izquierda internacional. Durante los últimos veinte años ha sido una de las principales voces críticas de la globalización neoliberal. Es autora de uno de los ensayos más influyentes de los últimos años, La doctrina del Shock —que cuenta con adaptación cinematográfica en forma de documental—. Estuvo presente en las concentraciones ciudadanas que dieron lugar al fenómeno Occupy Wall Street durante la resaca de la Gran Recesión de 2008. Y en los últimos años ha estado muy implicada en la lucha contra el cambio climático, de resultas de lo cual tenemos El capitalismo contra el clima, de reciente publicación. Sin embargo, si por algo es conocida Naomi Klein es por ser la autora de No Logo: El poder de las marcas, aquel influyente ensayo publicado en 1999 que hoy tenemos la oportunidad de comentar.

domingo, 21 de mayo de 2017

(2003) Fernando Lázaro Carreter - El nuevo dardo en la palabra

corrección, lingüística, periodismo


"No es preciso estar, claro es, en la política activa para agredir con éxito al sentido común. Hay un ex cargo muy importante, fuera de ella ya, inteligente tertuliano de radio, que, pocos días ha, estremeció a sus oyentes —lo soy, y muy complacido— con la apocalíptica denuncia de que el presidente Aznar «ha dado un giro de 365 grados». ¿Tantos? Pero siempre hay consuelo: imaginemos que el giro hubiera sido bisiesto."

Hace un par de semanas tuve el placer de reseñar "El dardo en la palabra", compendio de artículos publicados en prensa donde el difunto Fernando Lázaro Carreter hacía alarde de ingenio y erudición para arremeter contra todos aquellos desaprensivos que osan prevaricar con nuestro patrimonio más valioso: el idioma. Aquella lectura me duró, literalmente, años. Pero no por aburrida, sino a causa de las descomunales dimensiones de la obra. Efectivamente, El dardo en la palabra era un mamotreto de casi ochocientas páginas que abarcaba una producción en prensa de casi veinticinco años y que estaba compuesta por más de doscientos artículos. Cada uno de esos artículos —o dardos, como tan brillantemente los nombró el académico—, concisos por imperativos periodísticos, eran ideales para esos momentos del día que son demasiado breves para abordar la lectura del siguiente capítulo del libro que tienes entre manos, pero demasiado largos para... no hacer nada. Como sea que esos momentos no se han extinguido en mi vida, cuando acabé la obra de Lázaro Carreter noté inmediatamente un vacío difícil de reemplazar. Hasta que decidí comenzar, no de una manera particularmente original, con el libro del que esta reseña es objeto.

miércoles, 10 de mayo de 2017

(1849) Edgar Allan Poe - Cuentos Completos

Terror, Horror, Dupin, Suspense, Sátira, Grotesco


"En investigaciones como la que ahora efectuamos no debería preguntarse tanto «qué ha ocurrido», como «qué hay en lo ocurrido que no se parezca a nada ocurrido anteriormente». En una palabra, la facilidad con la cual llegaré o he llegado a la solución de este misterio se halla en razón directa de su aparente insolubilidad a ojos de la policía."
Los crímenes de la calle Morgue

Suele ser interesante analizar la historia de la literatura y de las corrientes filosóficas como la sombra que deja tras de sí el espíritu de los tiempos. Esta manera de proceder nos predispone a entender cada época a través de las producciones intelectuales desarrolladas en su seno. El problema de este planteamiento es que corremos el riesgo de autolimitar nuestra mirada y, con ello, de desenfocar, cuando no de dejar directamente fuera de encuadre, autores valiosísimos que no encajan en el esquema histórico general. Afortunadamente, éste no es el caso de Edgar Allan Poe, aunque bien podría serlo.  

jueves, 27 de abril de 2017

(2010) Vicenç Navarro, Juan Torres López, Alberto Garzón Espinosa - ¿Están en peligro las pensiones públicas?

Navarro, Garzón, Torres, seguridad social


"En este documento mostraremos que el interés en cambiar el sistema de pensiones público por uno privado no responde a necesidades reales y técnicas sino más bien a las necesidades económicas de los bancos y otras entidades financieras que harían un negocio muy lucrativo si ese cambio se llevara a cabo. Además, veremos que el deterioro del sistema de pensiones públicas conlleva igualmente el deterioro de las condiciones de vida de la población y, especialmente, de aquellas personas en peor situación económica."

Vivimos tiempos convulsos para el Estado del Bienestar. A raíz de la Gran Recesión, los recortes efectuados en sanidad, educación y dependencia han mermado notablemente la capacidad del sistema para proveer de servicios con el mismo nivel de calidad que antes de la crisis. La seguridad social no ha sido ajena a esta tectónica. A causa de la destrucción masiva de empleo, sus ingresos por cotizaciones cayeron en picado al mismo tiempo que sus gastos por seguros de desempleo se dispararon. Este desequilibrio afectó a las pensiones, que vieron reducida su principal fuente de financiación, el fondo de reserva de la seguridad social. Durante los últimos años, coincidiendo con las pagas extraordinaria de junio y diciembre, recibimos informaciones alarmantes acerca de la evolución de dicho fondo. Así, la famosa hucha de las pensiones ha menguado en la alarmante cifra de 50.000 millones de euros en los últimos cinco años. Si el ritmo de destrucción del fondo se mantiene constante, y si el gobierno no encuentra (o no quiere encontrar) una fuente alternativa de financiación, éste colapsará a finales de este año. Por estas razones, la opinión pública en los últimos tiempos ha sido bombardeada desde los medios de comunicación con la amenaza de la desaparición de las pensiones públicas. Si a esto le añadimos medidas tan cuestionables por parte del gobierno central como congelar el crecimiento de las pensiones al 0,25%, desvinculándolo de la evolución de la inflación, tenemos el cocktail perfecto para que cunda el pánico. Ante tal estado de cosas urge preguntarse: ¿es para tanto la alarma? Contestar a esa pregunta, y a otras relacionadas, constituye el propósito del libro que comentaremos hoy.

domingo, 23 de abril de 2017

(2007) Christopher Hitchens - Dios no es Bueno

Religión, ateísmo, Dios


"No cabe ninguna duda de que el culto a la muerte y la insistencia en los augurios del fin proceden de un deseo subrepticio de verlo acaecer y de poner fin a la angustia y a la duda que siempre amenaza al mantenimiento de la fe. Cuando el terremoto nos sacude, el tsunami lo inunda todo o las Torres Gemelas estallan, uno puede ver y oír la callada satisfacción de los fieles, como si dijeran con regocijo: «¡Fijaos, esto es lo que sucede por no escucharnos!». Con una sonrisa empalagosa presentan una redención que no les corresponde ofrecer a ellos y, cuando se duda de ella, adoptan una expresión amenazadora como diciendo: «¡Oh!, ¿así que rechazáis nuestra oferta del paraíso? Muy bien, en ese caso tenemos reservado otro destino para vosotros». ¡Menudo amor! ¡Menudas atenciones!"

La primera vez que supe de Christopher Hitchens fue hace algunos años a través de este debate. En él se daban cita un par de defensores de la Iglesia Católica y un par de sus más feroces críticos y, ambos tándems, trataban de contestar a la pregunta "¿Es la Iglesia Católica una fuerza para el bien en el mundo?". La propia pregunta anticipaba la masacre que se produciría a continuación. Y es que no es lo mismo preguntar acerca de si la Iglesia Católica puede o podría ser una fuerza para el bien en el mundo que preguntar si de hecho lo es o ha sido. En el primer caso uno debe remitirse a los fundamentos conceptuales de la Institución y ver si ellos permitirían tal estado de cosas. En el segundo, muy al contrario, basta con echar un vistazo a la realidad o, en su defecto, a la historia. Sabedor de esto, Hitchens construía una furibunda diatriba contra la Iglesia Católica basada en muchos de sus pecados pasados y actuales y cómo esos pecados fueron justificados bajo el amparo de la verdad de las Escrituras, de la verdad de su interpretación o, simple y llanamente, de la infalibilidad de Dios y de la Iglesia Católica. Pero si esto es así, ninguna institución humana que se declare infalible puede ser buena bajo cualquier indagación o cuestionamiento de índole moral. En otras palabras: Hitchens comenzaba argumentando por qué la Iglesia no es buena y concluía con un argumento acerca de por qué la Iglesia no puede ser buena. En esencia, el libro que comentaremos hoy sigue el mismo patrón, extendiendo su área de aplicación. Porque "Dios no es bueno" no habla del Dios católico o, al menos, no en exclusiva. Ni tan siquiera del Dios Cristiano. Tampoco lo hace del Dios judío o musulmán. Lo hace de todos ellos, en realidad.

viernes, 7 de abril de 2017

(2003) David Martínez - De Super Mario a Lara Croft

Videojuegos, consolas, historia


"Poco a poco este libro comenzó a convertirse en una novela de caballería. No aparece el rey Arturo, pero si hay alguien, Nolan Bushnell, fundador de Atari, que saca la espada de la piedra y trata de fundar un reino virtual. También hay magos capaces de diseñar juegos de la talla de Zelda o Donkey Kong con un giro de su varita e incluso seres perversos que se dedican a absorber pequeñas compañías por métodos más salvajes (no desvelaré aquí sus nombres). No se trata de una historia de buenos y malos, sino de un larguísimo viaje para convertir esta nueva forma de entretenimiento en un arte que hoy empieza a reconocerse."

El debate sobre si los videojuegos son un arte o solo un tipo de entretenimiento es más largo y complicado de lo que parece a simple vista. Los entusiastas del medio arguyen que las cotas narrativas y jugables que han alcanzado ciertas producciones han dejado el listón tan alto, que las experiencias resultantes no tienen nada que envidiar a las de otros formatos, principalmente el cinematográfico. Videojuegos como Red Dead Redemption, Bioshock o la saga Grand Theft Auto constituyen, así, ejemplos palmarios de la capacidad del medio para inocular en vena emociones e imprimir experiencias estéticas en lo más profundo del tuétano de los jugadores. Por si fuera poco, sagas como Half-Life o Portal han contribuido de manera esencial a edificar un lenguaje narrativo completamente autónomo y diferente tanto al cinematográfico como al literario. De esta forma, el mundo de los videojuegos se erigiría como una disciplina artística al lado de las demás con su lenguaje propio y su capacidad ganada por derecho propio para emocionar al jugador.

martes, 4 de abril de 2017

(2007) Dmitry Glukhovsky - Metro 2033

Postapocalíptico, Moscú, Metro, Rusia, Nuclear, Mutantes,


"Había una sola cosa que protegiera al hombre de la locura: la incertidumbre. La vida de un condenado a muerte, que sabe que al cabo de un año será ejecutado, la vida de un enfermo terminal, a quien los médicos han comunicado ya cuánto tiempo le queda, se diferencian de la de un hombre normal en un único aspecto: los unos saben más o menos cuándo van a morir, mientras que los otros permanecen en la incertidumbre, y por ello creen que podrían vivir para siempre, aunque no se pueda descartar la posibilidad de morir al cabo de un día en un accidente. No es la muerte lo que es terrible. Lo terrible es esperarla."

Hay algo fascinante en la irrupción de los escenarios postapocalípticos en el arte contemporáneo. Ya sea a través de películas, videojuegos, novelas o discos de música, el "día después" del fin del mundo sigue subyugándonos como cualquier otra idea difícilmente pueda hacerlo. Ya sea por invasiones alienígenas, catástrofes nucleares, guerras bacteriológicas, conflagraciones mundiales a gran escala o catástrofes medioambientales producidas por la mano del hombre, el qué ocurrirá después de cualquiera de esos sucesos despierta en nosotros una mezcla de temor, incertidumbre y morbo. En cierta forma, el interés viene dado por la amenaza latente que las sociedades contemporáneas, tan avanzadas y al mismo tiempo tan frágiles ellas, incorporan en sí mismas como el germen de su propia autodestrucción. La aplicación de la ciencia a la tecnología, y ésta a los sistema de producción de las sociedades modernas, ha tenido como resultado la aceleración de los procesos históricos, cuya fuerza centrífuga puede hacernos sentir vértigo si despegamos la vista del horizonte que tenemos enfrente. Si además, como sostenía Rousseau o Adorno, constatamos que la propia idea de Progreso tecnológico o instrumental no va ligada a la de Progreso en sentido moral, tenemos en nuestras manos los mimbres necesarios para construir la Catástrofe.

martes, 17 de noviembre de 2015

(1993) Robert D. Hare - Sin Conciencia: El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean.

Psicopatía, test de Hare, cine, empatía, delincuencia


Jon Ronson, en su libro "¿Es usted un psicópata?", mantenía una serie de conversaciones con Robert Hare. Gracias a ellas Ronson daba pie a introducir en su obra la perspectiva de la psicología criminal, de la que el propio Hare no es sino su fundador. Sobra decir que la lectura de "Sin Conciencia" se ha visto fuertemente condicionada por la lectura de la obra de Ronson, como es evidente, hasta el punto de que de no haber tenido contacto con aquella, seguramente no habría tenido contacto con ésta.

"Sin Conciencia" es, ante todo, un desarrollo pormenorizado del "Psycopathy checklist", el test diseñado por Hare para el diagnóstico del trastorno. Hare emplea todos sus esfuerzos en presentarnos los rasgos del psicópata, (personalidad impulsiva y egocéntrica, ausencia de remordimientos y empatía, tendencia a delinquir en la edad adulta, etc). Muchos de los rasgos presentados nos son profundamente familiares por el tratamiento que ha hecho el cine del trastorno en películas como El silencio de los corderos y Malas Tierras o en series como Dexter. Otros rasgos seguramente sorprenderán al lector, como el procesamiento bilateral del lenguaje (lo que explicaría cierta tendencia a la mentira y la contradicción en estos sujetos) o la ausencia de emociones profundas.

miércoles, 13 de mayo de 2015

(1880) Émile Zola - Nana

Naturalismo, prostitución, Muffat, Nana, Zizí, Georges Hugon, Héctor de la Faloise, Steiner,


"Aquello era sofocante; las cabelleras se aplastaban contra las cabezas sudadas. Desde hacía tres horas que permanecían allí, y el aliento había caldeado el aire con un olor humano. A los reflejos del gas, los polvillos en suspensión se condensaban, inmóviles, bajo la lámpara. La sala entera vacilaba, se deslizaba en un vértigo, laxa y excitada, cogida en esos deseos adormecidos de medianoche que balbucean en el fondo de las alcobas. Y Nana, frente a aquel público subyugado, a aquellas mil quinientas personas hacinadas, ahogadas en el abatimiento y el desorden nervioso de un final de espectáculo, permanecía victoriosa con su carne de mármol y con su sexo, cuya fuerza podía destruir a toda aquella gente sin que se la atacase a ella."

Segunda mitad de los años 60 del siglo XIX, últimos años del Segundo Imperio. Francia ha salido escaldada de la guerra contra México pero ya planea la contienda contra Prusia. Bismarck, ese impertinente, es el enemigo a batir. La victoria sobre él sanará las heridas y restituirá la maltrecha moral nacional. La guerra no tardará en producirse y la derrota será dolorosísima. Tanto, que será la sentencia de muerte del imperio. Tras él vendrá la Tercera República y bajo su inicial desamparo, la experiencia socialista emergerá de las profundidades de la sociedad para gobernar París unos cuantos meses. Pero todo eso aún no es más que un futuro contingente, una sucesión de acontecimientos no consumados. Es el segundo lustro de los 60 y París vive ciega a su futuro. Sus clases acomodadas viven obnubiladas bajo el influjo de una espiral desenfrenada de lujo y goce. Sus oídos solo son capaces de oír un nombre: "Nana, Nana, Nana", repite el eco de las calles; "Nana, Nana, Nana" es el estribillo de la canción. Banqueros, marqueses, condes, periodistas... nadie escapa a su confitada melodía que, en lo más profundo de su ser, lleva escrita los compases de su propia autodestrucción.

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