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martes, 4 de abril de 2017
(2007) Dmitry Glukhovsky - Metro 2033
"Había una sola cosa que protegiera al hombre de la locura: la incertidumbre. La vida de un condenado a muerte, que sabe que al cabo de un año será ejecutado, la vida de un enfermo terminal, a quien los médicos han comunicado ya cuánto tiempo le queda, se diferencian de la de un hombre normal en un único aspecto: los unos saben más o menos cuándo van a morir, mientras que los otros permanecen en la incertidumbre, y por ello creen que podrían vivir para siempre, aunque no se pueda descartar la posibilidad de morir al cabo de un día en un accidente. No es la muerte lo que es terrible. Lo terrible es esperarla."
Hay algo fascinante en la irrupción de los escenarios postapocalípticos en el arte contemporáneo. Ya sea a través de películas, videojuegos, novelas o discos de música, el "día después" del fin del mundo sigue subyugándonos como cualquier otra idea difícilmente pueda hacerlo. Ya sea por invasiones alienígenas, catástrofes nucleares, guerras bacteriológicas, conflagraciones mundiales a gran escala o catástrofes medioambientales producidas por la mano del hombre, el qué ocurrirá después de cualquiera de esos sucesos despierta en nosotros una mezcla de temor, incertidumbre y morbo. En cierta forma, el interés viene dado por la amenaza latente que las sociedades contemporáneas, tan avanzadas y al mismo tiempo tan frágiles ellas, incorporan en sí mismas como el germen de su propia autodestrucción. La aplicación de la ciencia a la tecnología, y ésta a los sistema de producción de las sociedades modernas, ha tenido como resultado la aceleración de los procesos históricos, cuya fuerza centrífuga puede hacernos sentir vértigo si despegamos la vista del horizonte que tenemos enfrente. Si además, como sostenía Rousseau o Adorno, constatamos que la propia idea de Progreso tecnológico o instrumental no va ligada a la de Progreso en sentido moral, tenemos en nuestras manos los mimbres necesarios para construir la Catástrofe.
viernes, 26 de diciembre de 2014
(2013) Hugh Howey - Desolación
"Esperanza. Eso era. Peligrosa esperanza. Al ver a la gente de la cafetería con la mirada clavada en la pantalla de la pared sintió una especie de vínculo con ellos. Así era cómo se metían en líos los dioses de antaño, así era cómo se encaprichaban de los mortales y se entrometían en sus asuntos. Rió para sus adentros. Pensó en la limpiadora del grueso dossier y en lo que habría hecho por ella de haber tenido la ocasión. puede que le hubiera dado el don de la vida de haber podido. Apolo encaprichado de Dafne."
Hace unos días tuvimos la oportunidad de comentar Espejismo, reseña que podéis encontrar aquí. Con aquella novela Hugh Howey logró confeccionar una historia que pese a sus intermitencias se erigía baluarte de una ciencia ficción ágil, misteriosa y de rabiosa actualidad por sus implicaciones políticas. Espejismo, a su vez, era la primera parte de lo que ha acabado siendo una trilogía, la Trilogía del silo, y que toma como motivo contextual, precisamente, el desarrollo de su trama en las profundidades de un silo subterráneo donde se aloja la especie humana. Desolación, la novela que vamos a comentar hoy, supone la continuación de Espejismo, el elemento intermedio necesario para el desenlace de la trilogía.
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sábado, 20 de diciembre de 2014
(2012) Hugh Howey - Espejismo
"Y en su caso, no lo hizo con la rabia que siempre había creído que sentían con los demás. Ni tampoco con la certeza de que ellos, en el silo, estaban condenados, mientras que él, el condenado, era libre. No fue una sensación de traición lo que guió la lana de su mano en pequeños movimientos circulares. Fue misericordia. Misericordia pura y dicha ilimitada."
Si algo positivo trajo la crisis económica de 2008 —y si usar el término "positivo" es legítimo aquí— fue el resurgimiento de los movimientos sociales como elementos para el empoderamiento de la ciudadanía a escala mundial. En la medida en que en España el azote de la crisis ha sido especialmente virulento, hemos sido testigos de numerosas convocatorias ciudadanas con el fin de protestar ante la injusticia social que rige nuestros tiempos. La cosa no ha quedado ahí y se han credo infinidad de asociaciones con el objetivo de vertebrar esa protesta ciudadana en tópicos concretos. Y hasta se ha creado un partido político que pretende canalizar todos esos movimientos en un programa más general. Todos, a priori, aspectos positivos que transmutan la política y por tanto la democracia en una empresa vertical construida de abajo a arriba, de la ciudadanía a sus representantes. Es cierto que ha sido triste tener que esperar a alcanzar un 25% de paro, un 50% de paro "veinteañero" y una deflación que no tiene visos de repuntar, como si fuera necesario el colapso del sistema para que la gente se diera cuenta de que la soberanía del pueblo había sido secuestrada; parecería que mientras el sistema sea capaz de abastecer a los asalariados, estos no deberían tener necesidad de quejarse. Como si el desarrollar una democracia de abajo a arriba no fuera una cuestión de principios sino el último asidero al que agarrarse mientras el barco se hunde. Más vale tarde que nunca. Aunque maldita la gracia tener que haber llegado a la situación actual para que la población se haya dado cuenta.
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jueves, 27 de noviembre de 2014
(1965) Thomas M. Disch - Los Genocidas
"Le hería el orgullo pensar que su raza, su especie, su mundo, estaban siendo derrotadas con tanta facilidad aparente. Lo peor, lo que no podía soportar, era la sospecha de que todo eso no significaba nada, de que el proceso de aniquilamiento era algo totalmente mecánico; en otras palabras, de que los destructores de la humanidad no libraban una guerra, sino simplemente desinfectaban el huerto."
Investigando por la red la figura de Thomas M. Disch, me he llevado una grata sorpresa. Lejos de tratarse del escritor de ciencia ficción al uso, con una sólida formación científica o técnica, fue un especimen notablemente interdisciplinar. No quiero que se me malinterprete: me encanta que los escritores de ciencia ficción sean eruditos en algún campo concreto de la ciencia. De otro modo sus novelas perderían la credibilidad que solo es alcanzable mediante el conocimiento de los detalles. Pero también me gusta que tengan un conocimiento más o menos profundo, o unas sospechas más o menos elaboradas, de aquello en que pueda consistir la naturaleza humana. Y como uno no sabe muy bien cómo se puede comenzar a solucionar ese puzzle, ni siquiera de qué piezas se compone, siempre he pensado que la interdiciplinariedad era una buena amiga, no tanto por las bondades del método (si es que es un método y no todo lo contrario), sino porque por algún lado hay que empezar. En el caso de Disch tenemos que fue poeta, novelista, ensayista, pintor, libretista de ópera e incluso escritor de videojuegos. Y a pesar de todas esas excursiones en safari por la cultura, nunca tuvo demasiado éxito, probable causa de que muriera pobre y suicidándose en 2008. Si fuéramos románticos, ahí tendríamos una prueba del genio de Disch, ya que nada hay más auténtico que morir sin el reconocimiento de un público que no está preparado para tu obra. Pero no lo somos. De hecho, la mierda existe, y que tu obra no sea reconocida probablemente se deba a que no vale un pimiento. Lo cual, sin embargo, no significa que pensemos que la obra de Disch no sea genial. Una de las pruebas de su genio está en que el todopoderoso Harold Bloom incluyera su novela "En alas de la canción" en su libro "El canon occidental". Y Harold Bloom son palabras mayores, palabras mayores de un pollavieja. Lo cual tiene, si cabe, aún más mérito.
martes, 4 de noviembre de 2014
(1987) Paul Auster - El País de las últimas cosas
"Lo que realmente me asombra no es que todo se esté derrumbando, sino la gran cantidad de cosas que todavía siguen en pie. Se necesita un tiempo muy largo para que un mundo desaparezca, mucho más de lo que puedas llegar a imaginar. Continuamos viviendo nuestras vidas y cada uno de nosotros sigue siendo testigo de su propio y pequeño drama. Es cierto que ya no hay colegios, es cierto que la última película se exhibió hace más de cinco años, es cierto que el vino escasea tanto que sólo los ricos pueden permitirse el lujo de beberlo. Pero, ¿es eso a lo que llamamos vida? Dejemos que todo se derrumbe y, luego, veamos qué queda. Tal vez ésta sea la cuestión más interesante de todas: saber qué ocurriría si no quedara nada y si, aún así, sobreviviríamos."
Tryno Maldonado dijo una vez que conforme se crece como lector, Paul Auster se convierte en un gusto culposo. No sé si la situación es análoga a la de aquel que consume coca-cola, porque yo de hecho no lo hago —mis manos aún no están manchadas de sangre—, pero creo entender a qué se refiere. Paul Auster es un escritor cuya calidad es constantemente objeto de debate. Es más, es un escritor cuya calidad es objeto de debate incluso cuando no se le ha leído. Para bien o para mal, cuestionar la valía del escritor neoyorquino es un lugar común, un tópico.
miércoles, 8 de octubre de 2014
(1951) John Wyndham - El día de los trífidos
(Reseña publicada originalmente en Goodreads el 2 de octubre de 2014)
"Cuando un día que usted sabe que es miércoles comienza como si fuese domingo, algo anda muy mal en alguna parte".
Así comienza "El día de los trífidos" de John Wyndham, novela fundacional de todo ese subgénero de mundos postapocalípticos, mundos devastados y asolados por la tragedia. La premisa de la que parte es sencilla: un buen día, sin mediar aviso, la humanidad se queda ciega. La noche anterior hubo un espectáculo de luces y colores en el cielo, como un cometa o una lluvia de meteoritos. Los únicos que conservan la vista son aquellos que no fueron testigos del espectáculo nocturno. Y, al mismo tiempo, la humanidad ha venido sentando las bases de la biotecnología, con la cual ha empezado a manipular y crear especies biológicas. Y entonces, el protagonista, Bill Masen despierta...
"El día de los Trífidos" es una novela dura, llena de paisajes de desolación y muerte. A través de sus páginas acompañaremos a Bill Masen en una carrera agónica por la salvación. Momentos crueles, decisiones morales límite y efluvios de carne en descomposición son las constantes de una novela que es directamente responsable de que su impacto en el lector actual no sea mayor del que es. Un peso, algunos dirán, fácilmente sobrellevable debido a que su responsabilidad es producto de la incalculable influencia que ha ejercido sobre sus seguidoras.
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