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martes, 16 de octubre de 2018

(2008) Katherine Neville - El Fuego

Ajedrez,


"Sin embargo, sabía que tenía que contener toda mi euforia porque, de lo contrario, no lograría acabar aquella partida. Al fin y al cabo —y bien podría apostarme la camisa, tal como diría Key—, con la memoria enciclopédica de Vartan y su dilatada experiencia —que en ajedrez se conoce con el nombre de «conocimiento táctico»—, mi contrincante era capaz de recordar al instante todas las variaciones sobre este último movimiento mío, al igual que sobre otros muchos. No obstante, es bien sabido que los maestros suelen centrar toda su atención en lo que es anormal para recordar lo que es normal. Así que tendría que engañar a su cerebro, burlar a esa intuición tan cuidadosamente entrenada."

Cuando vemos partidas de los grandes maestros de ajedrez, uno siempre tiene la sensación de estar perdiéndose algo de lo que sucede encima del tablero. Sí, vemos los movimientos de las piezas, sus maniobras y capturas, pero siempre tenemos la sensación de no estar entendiendo todo lo que está ocurriendo delante de nuestros ojos. A veces eso se manifiesta en algún movimiento misterioso. Otras, en una combinación no predicha que se resuelve con la ganancia de material por parte de alguno de los contendientes. Por no hablar de los siempre asombrosos sacrificios de pieza en pos de la obtención de alguna red de mate. El resultado es que, de algún modo u otro, los jugadores principiantes e intermedios siempre obtenemos de estas partidas algún tipo de sensación de asombro, y esa es una de las cosas que hacen tan fascinante a ese juego. Pero el asombro solo es la consecuencia de la ignorancia de los planes en unos casos, o de la falta de visión acerca de los medios necesarios para llevarlos a cabo.

jueves, 4 de enero de 2018

(1988) Katherine Neville - El Ocho

Ajedrez, Catherine Velis, Montglane, Robespierre, Talleyrand, Argelia


"Hace seis mil años ya había civilizaciones avanzadas en las riberas de los grandes ríos del mundo: el Nilo, el Ganges, el Indo y el Éufrates. Practicaban un arte secreto que más tarde daría origen tanto a la religión como a la ciencia. Este arte era tan misterioso que se necesitaba que se necesitaba toda una vida para convertirse en iniciado... para penetrar su verdadero sentido. El rito de la iniciación era a menudo cruel y en ocasiones mortal. La tradición de este rito ha llegado hasta tiempos modernos; sigue apareciendo en la misa católica, en los ritos cabalísticos, en las ceremonias de rosacruces y masones. Sin embargo, se ha perdido su sentido oculto. Estos rituales son la representación del proceso de la fórmula que los antiguos conocían... una representación que les permitía transmitir conocimientos mediante un acto. Porque estaba prohibido escribirlo."

Diría que la novela de suspense sazonada de elementos históricos hábilmente colocados para pergeñar la-gran-conspiración, ese tipo de novela que se puso de moda durante la década pasada al calor del éxito de El Código Da Vinci, no vive actualmente sus mejores momentos. Podría decirse que las editoriales, tras años de saturar el mercado, de exprimir la gallina de los huevos de oro, acabaron por agotar un género que, por lo demás, tampoco era demasiado innovador. Podría decirse todo esto hasta que uno se pone a mirar el Premio Planeta de 2017 (concedido hace un par de meses y medio) y ve que el galardonado es el bueno de Javier Sierra con su nueva novela acerca de, oh bendita originalidad, el Santo Grial. Y es entonces cuando te das cuenta de que esta clase de ficción sigue funcionando fantásticamente bien a pesar de todo. Porque el misterio y las conspiraciones siguen vendiendo y lo seguirán haciendo.

jueves, 14 de diciembre de 2017

(2003) Dan Brown - El Código Da Vinci

Da Vinci, Newton, Robert Langdon, Silas, Sauniere


"El Grial es, literalmente, el símbolo antiguo de la femineidad, y el Santo Grial representa la divinidad femenina y la diosa, que por supuesto se ha perdido, suprimida de raíz por la Iglesia. El poder de la mujer y su capacidad para engendrar vida fueron en otro tiempo algo muy sagrado, pero suponían una amenaza para el ascenso de una Iglesia predominantemente masculina, por lo que la divinidad femenina empezó a demonizarse y a considerarse impura. Fue el hombre, y no Dios, quien creó el concepto de pecado original, por el que Eva probaba la manzana y provocaba la caída de la humanidad. La mujer, antes sagrada y engendradora de vida, se convertía así en el enemigo."

No recuerdo un fenómeno editorial tan potente como El Código Da Vinci. De hecho, es el libro más vendido en lo que llevamos de siglo XXI. Ni las 50 sombras, ni los libros de Harry Potter, ni otras sagas como Millenium o Crepúsculo se le acercan. Su eclosión fue un auténtico bombazo. De él se sacó un videojuego más o menos decente y una saga de películas interpretada por Tom Hanks. Pero sobre todo, su éxito se debió a que en el lapso entre la publicación de la obra y el estreno de la película generó ríos y ríos de tinta. Y es que allí por donde pasó, la polémica le precedió. La interpretación tan radical del arte y de los mitos cristianos y todo un aparataje historiográfico dudoso —aunque sugestivo— prendieron la mecha. El mundo ardió gracias al código.

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